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domingo, 5 de junio de 2011

PERÚ ES UNA FIESTA por Hugo Del Portal


En el momento en que escribo estas líneas, el pueblo de mi país,  mi jodida y golpeada y postergada gente, celebra en las calles el triunfo de la opción que mejor representa la posibilidad de un cambio que por fin los rescate de la miseria a la que los había condenado la indiferencia absurda y egoísta de una idiosincrasia realmente estúpida.
Con alegría genuina y sin rencor, con esa felicidad sana y buena, mis hermanos bailan en las calles y se sienten cerca de la liberación añorada por tantos años.  Yo presiento que estamos cerca de que alcancen su anhelo. Estaré vigilante y sereno para que Ollanta Humala no se deje manipular por los patrones de siempre, los que están tan acostumbrados a cortar el jamón (como diría Hildebrandt) que ya creen que el jamón, que es de todos nosotros, es suyo y propio y que lo van a retener el tiempo que quieran.
Para eso están esos lobistas angurrientos que hacen negocios en todos los terrenos y sin el menor asco del mutante espiritual que se sienta en la misma mesa con ellos.
Que alguien le diga al Sr Kuczinsky que no representa a nadie. Que habla por sus fenicios intereses y que como ciudadano americano puede ser Presidente del Perú, Nebraska (*) porque aquí ya nos estamos cansando de sus impertinentes actitudes de terruco financiero. Tus negocios cerraron gringo, alas y buen viento. Vuelve a tu casa en Coconut Grove.
Y cuando esperábamos disculpas públicas de los miserables cagatintas de la prensa local, difamadores de todo pelaje, mentirosos sin escrúpulos, negociadores de prebendas, aupados ayayeros de las ambiciones de los ignorantes patrones que se prestan para aparecer como dueños de los medios (y que no son mas que aviesos traperos a comisión) y de esos encuestadores viles que pueden cambiar diferencias de mas a seis a menos seis y pretender hacer politología de sus encargos pagados con el descaro común del sinvergüenza, entonces se enciende nuestra indignación y  reclamamos y exigimos una disculpa pública que los libere de la buena cantidad de juicios por difamación que se han ganado y de los que escapan, blandiendo –con esa concha absoluta que los pinta- una libertad de expresión en la que nunca creyeron y de la que se valen para sus libelos de pésimo gusto y peor factura.
Es hora de que no insulten nuestra inteligencia con comunicados que suenan a las amenazas escolares que grita desde el piso el que  acaba de ser contrasueleado como lorna tierna en la cancha de fulbito del colegio. Les vamos a dar su Premier, su Ducal y su Hamilton. Tranquilos nomás. El mango de la sartén está en otras manos por si no se dieron cuenta.
Pepelin, de Graña y Montero, que como negociante suele ser de lo más creativo y futurista, está buscando hacerse del negocio más rentable que habrá en el país: la construcción de penales. Están por llegar bastante invitados, algunos como para celdas altas y anchas y unos supuestamente enfermos que se la pasan chateando en cárceles doradas, en donde hasta organizaban parrilladas. Se les acabó, por fin, esa insultante impunidad.
Decía al comenzar esta nota que leo en los ojos del pobre una visión renovada de esperanza y que nadie podrá evitar que todos los días sean como hoy, cinco de junio o que como canta el Sabina que todas las noches sean noches de luna y que esas lunas sean lunas de miel.
Celebremos el cambio y empecemos a ser ciudadanos de ésta, nuestra patria, a saber aceptar los deberes para reclamar por nuestros justos derechos y entender que esta transformación está naciendo del corazón, lo que da garantías de absoluto éxito.
¡Viva el Perú, carajo!

(*) Un genio Buda de nieve, hazte fan.
(*) Colaboración conceptual del Dr Peter Garca (ahorita, full champagne francés y harto caviar del mas caro)
(*) La fotografía es obra del Gran Maestro Martín Chambi. 

miércoles, 6 de mayo de 2009

POLTERGEIST A CONTROL REMOTO




La TV que no te ve
Emiliano Bertoglio

¿Qué hacemos con la TV? ¿La aceptamos tal cual es sin cuestionarla, o la rechazamos sin ni siquiera repensar su función social? ¿Debemos rendirle cultos y reverencias, o debemos demonizarla? El debate parece sencillo. Sin embargo, pensar que la tecnología por sí sola puede ser buena o mala es una falacia equivalente a creer que las prácticas que las personas desarrollamos a diario no encierran un posicionamiento político frente a la vida y al entorno. Con lo cual, antes de pensar en la televisión como fenómeno tecnológico a secas, deberíamos estar reflexionando sobre los usos que de ella hacemos los sujetos. Expresiones menos casuales que intencionales son las que se enarbolan desde los medios audiovisuales más consumidos en la sociedad[2] para definir al mundo actual: éste sería una mágica aldea global en la cual todos nos conoceríamos con todos, y donde todos seríamos iguales porque consumimos los mismos productos. En esta “comunidad”, la televisión y los demás medios serían ese espejo en el cual maravillosamente se multiplicarían hasta el infinito todas las formas y todas las voces existentes; serían ese punto en donde se podrían contemplar -desde todos los ángulos posibles- todos los puntos del Universo (el “Aleph”, que definiera Borges en su cuento homónimo). Sí, en estos medios todo aparecería representado… Ahora, ¿es capaz la TV de ver todo cuanto acontece? ¿Puede ella mostrar “la” realidad? ¿Podemos confundir cantidad de frecuencias en nuestra pantalla con cantidad de conocimiento? ¿Qué estereotipos y qué identidades contribuye a crear ella sobre la mujer, los adolescentes, los niños? ¿Atiende a las diferencias, a las minorías, a los silencios de los que no tienen voz en la sociedad? Y si lo hace, ¿qué imaginarios construye sobre ellos? La televisión comercial y masiva de estos días parece detenerse muy poco en cada uno de estas particularidades. Por el contrario, y en la persecución de la mayor rentabilidad posible, mira más el propio ombligo que a la sociedad: “La pantalla de la televisión nos muestra un televisor que contiene otro televisor, dentro del cual hay un televisor”, sostiene Eduardo Galeano. Hoy la TV no te ve ni me ve. Es por esto que si creemos las verdades de los abogados de “la aldea global”, terminaremos creyendo que en ella -afuera- lo único verdaderamente trascendente son mujeres que bailan en un caño, y adolescentes vacíos encerrados en una casa para pelear discusiones mal guionadas. Paralelamente, dejaremos de ver a la televisión y a los medios de comunicación en general como lo que son en potencia: herramientas cuyo uso puede ampliar efectivamente nuestras capacidades humanas de ver, de escuchar, de decir y de conocer.
[2] Nos referimos aquí a las empresas propietarias de medios como Canal 13 de Buenos Aires, Canal 9, Telefé, las señales de cable que reproducen el cine de Hollywood, etc.
Emiliano Bertoglio es Lic. en Ciencias de la Comunicación. Hernando (Córdoba, Argentina)
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