¿Hoja de ruta o ruta de la hoja? (César Hildebrandt)
Vivimos tiempos difíciles. Hay sobre la mesa un cerro de exigencias, de justos reclamos, de impostergables reivindicaciones y también notamos el paquete típico con el juego de intereses creados, de confrontaciones entre grupos de poder y presión y de quienes -por llevar al extremo la razón que creen tener- nos han traído, con una nada inmaculada concepción, el militarismo cachaco que se impone a las patadas y que quizás también pretenda repartir paternalismos baratos e inútiles, aunque lo haga entre balas, inclusiones negadas, el recitar la monserga del despotismo, la que reza: todo para el pueblo pero nada por medio de el. Veo, incluso, espuma de reformismo fermentado, como el que suele vender la iglesia católica más intelectualizada, esa que no cambia nada porque sólo pretende adaptarnos a los usos que mejor convengan al status quo. Paren el mundo que yo me bajo. Pie derecho, pie derecho. En qué cabeza cabe que podemos hacer sobrevivir, a punta de bayoneta y lacrimógenas, a un sistema infectado por su propio descontrol. Porque éste sistema, Comandante Humala, grita su agonía desde Europa, padece sus diarios santos óleos desde las bolsas de valores en donde cada día se hacen añicos, las economías de países enteros, los puestos de trabajo de miles de millones, y la ilusión del whisky y Miami (*) que tan mal alimenta la penosa expectativa de clase de la patética plutocracia peruana, la del pirata empresario y el minero filibustero. Creo que forzar algo en estos momentos producirá -por las condiciones normales e idiosincrasia natural de esas regiones- el efecto contrario, es decir, que por salvar al Imperio (que termina de derrumbarse en las mafiosas transacciones financieras) quemaremos todos los putos reinos en todos los estados del tiempo muerto. ¿En qué cabeza cabe? En la del cachaco arribista y ponedor de parches, en el que cambia condescendencia en lugar de transformación, en el que ira a amancebarse con el fujimorismo, en el siguiente indulto navideño. Se ve venir. Es inevitable. La izquierda ha de tener un plan B. Porque algo nos tiene que haber enseñado el haber puesto al caco nipón en vez de Vargas LLosa por derechista que fuere. La vez anterior yo voté por el novelista. Me parecía siniestro y oscuro el japonés del bacalao y el tractor y que termino clavándoles un puñal y una yuca. Eso me pasa por no serle fiel a la intuición, la que también ahora me dice que -más tarde o mañana quizás- el mismo militar que ahora los obedece, no dudará en voltearles el rostro y quitarles el saludo, luego de hacer lo necesario para botarlos. Si algo confirma a las personas, es su pasión: Traición es la de éste hombre fuerte.
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