lunes, 3 de noviembre de 2008

VOTAR Y BOTAR





Proteger las elecciones
Amy Goodman
Democracy Now
El Día de las Elecciones se acerca, y con él, una prueba de la integridad de nuestro sistema electoral. ¿A quiénes se les permitirá votar, quiénes serán privados de ese derecho? ¿Quiénes podrán usar papeletas tradicionales, quiénes usarán máquinas de votación electrónica? ¿Estarán los centros de votación abiertos el tiempo suficiente para el histórico nivel de participación que se espera?
El experimentado activista Harvey Wasserman es co-autor de cuatro libros sobre las elecciones y los derechos de los votantes. Él afirma que John Kerry ganó en Ohio en 2004. ¿Por qué mirar atrás? A Wasserman le preocupan los intentos del Partido Republicano de Ohio, que cuenta con la ayuda de la Casa Blanca de Bush, de impugnar la inscripción de los nuevos votantes registrados en Ohio:
“El Partido Republicano está intentando privar del derecho al voto a estas 200.000 personas cuando cuestiona su derecho a votar y pide a la Secretaria de Estado, Jennifer Brunner, que permita a cada condado investigar y eliminar de las listas, si así lo deciden, a votantes que tengan discrepancias menores entre los datos de la lista de votantes y sus números de Seguridad Social o de la licencia de conducir. Y la Secretaria de Estado correctamente demostró que muchos de estos errores provienen de errores tipográficos producidos cuando las agencias gubernamentales introducen los números en el sistema.”
La Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que solamente el Departamento de Justicia tiene potestad para eliminar a estos nuevos votantes de las listas. El líder de la Minoría de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, de Ohio, y el presidente Bush, instaron al Fiscal General de Estados Unidos., Michael Mukasey, a que tome medidas en el asunto, lo que podría llevar a la eliminación de estas 200.000 personas de las listas de votantes. Los defensores de los derechos de los votantes temían que las personas sin techo de Ohio fueran privadas del derecho a votar porque no poseen un domicilio tradicional o una identificación (Wasserman observa que muchos de ellos pueden ser veteranos de guerra). El juez de distrito Edmund Sargus dictaminó que los condados de Ohio deben aceptar a los votantes que indiquen como su domicilio un banco de plaza u otros domicilios no tradicionales.
Las dos principales preocupaciones de Wasserman en relación con la integridad de las elecciones son la privación masiva del derecho al voto mediante eliminación computarizada y las fallas de las máquinas de votación electrónica, que pueden alterar los recuentos y provocar colas imposibles en los centros de votación (algo que también puede suceder si un centro tiene asignado un número pequeño de máquinas de votación, sea que funcionen bien o no). Estos dos problemas llegaron a un punto crítico en Colorado. Allí, el Secretario de Estado, Mike Coffman, un republicano que además se presenta como candidato al Congreso, fue demandado por los grupos Common Cause (Causa Común), Mi Familia Vota y el Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU, por sus siglas en inglés) por haber eliminado a 30.000 votantes en el período de los 90 días previos a la elección. Seis mil setecientos nuevos votantes registrados fueron eliminados por no marcar una casilla del formulario de inscripción de votantes. Colorado registró una enorme participación de votantes en la votación anticipada (algunos cálculos indican que el número de personas a nivel nacional que votaron anticipadamente asciende a la sorprendente cifra de 10 millones, y la votación anticipada aún no terminó). En Colorado, además, un gran número de votantes eligió votar por correo. Sin embargo, más de 11.000 votantes de Denver no recibieron sus papeletas de voto por correspondencia debido a un error cometido por Sequoia Voting Systems, la empresa que debía haber enviado 21.000 papeletas a un centro de distribución de correo de Denver el 16 de octubre. Los funcionarios electorales prometieron que las papeletas serán enviadas.
Brad Friedman, responsable de BradBlog.com, me dijo: “Sequoia es una de las cuatro grandes compañías que fabrican máquinas de votación. Por supuesto, ha presentado problemas estado tras estado.” Friedman también denunció la “alteración del voto”, un problema que se da en las máquinas de votación electrónica con pantallas táctiles. “Ocurre en West Virginia, en Tennessee, en Texas, en Missouri, Nevada ... la gente acude a votar y selecciona al partido demócrata o a Barack Obama, y el voto cambia a los republicanos o a cualquier otro candidato.” Las empresas aseguran que se puede calibrar las máquinas para que funcionen correctamente. Friedman no está de acuerdo: “Estas máquinas deben ser retiradas, porque incluso si funcionan bien, el problema es que no hay absolutamente ninguna forma de verificar que un voto emitido en una máquina con pantalla táctil como éstas haya quedado registrado según la intención del votante.”
En respuesta a un video grabado en Georgia en el que se veía que algunas personas habían tenido que esperar ocho horas para emitir su voto en la votación anticipada, Friedman escribió en su blog: “¡Agradezco a esos votantes que estuvieron dispuestos a aguantar la espera! A los funcionarios, debería darles vergüenza haber creado un sistema de votación que ni siquiera puede contener a la cantidad limitada de personas que deciden votar anticipadamente. Que Dios nos ayude el próximo martes. ¡Sean fuertes y valientes!”
La Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés) demandó al gobernador demócrata de Virginia, Tim Kaine, argumentando que el estado no está preparado para contener a la avalancha de personas que irán a votar el 4 de noviembre. Virginia no está entre los 31 estados que permite la votación anticipada.
Miles de abogados y activistas ciudadanos estarán monitoreando lo que pase en los centros de votación el día de las elecciones. Muchas personas están publicando videos que dan cuenta de problemas registrados durante la votación en
videothevote.org. Cuando vayas a votar, ve con un amigo o vecino, lleva tu identificación y de paso una cámara. Proteger las elecciones es una tarea de todos.
Denis Moynihan colaboró como investigador para esta columna.
Amy Goodman es presentadora de “Democracy Now!” un informativo diario internacional de TV y radio de una hora que se emite en más de 550 emisoras en inglés y 200 emisoras en español. Ha sido galardonada con el Premio “Right Livelihood 2008”, también llamado el “Nobel alternativo”, y recibirá el premio en el parlamento sueco en diciembre.
© 2008 Amy Goodman
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EL ÚLTIMO GOLPE DE BUSH


El rescate, saqueo final de Bush (*)
Naomi Klein
La Jornada
En los días finales de la campaña presidencial, muchos republicanos parecen haberse dado por vencidos. Pero eso no significa que estén descansando. Si quieren ver verdadero trabajo duro republicano, vean la energía que le pusieron a sacar por la puerta grandes porciones del rescate de 700 mil millones de dólares. En una reciente sesión de la comisión bancaria del Senado, el republicano Bob Corker estaba obsesionado con esta tarea y con una clara fecha límite en mente: la toma de posesión presidencial. “¿Cuánto crees que pueda gastarse de aquí al 20 de enero o algo así?” Le preguntó Corker a Neel Kashkari, el ex banquero de 35 años encargado del rescate.
Cuando los colonizadores europeos se dieron cuenta de que no tenían de otra más que entregar el poder a la población originaria del lugar, muchas veces se enfocaron en despojar a la tesorería local de su oro y llevarse el valioso ganado. Si eran realmente desagradables, como los portugueses en Mozambique a mediados de los años 70, vertían concreto por los huecos de los elevadores. La pandilla de Bush prefiere instrumentos burocráticos: subastas de “activos en riesgo” y el “programa de adquisición de acciones”. Pero no se vayan con la finta: la meta es la misma que la de los derrotados portugueses: un último frenético saqueo de la riqueza pública antes de entregar las llaves de la caja fuerte.
¿De qué otra manera serían lógicas las bizarras decisiones que han dominado la asignación del dinero del rescate? Cuando la administración de Bush anunció que inyectaría 250 mil millones de dólares a los bancos estadunidenses a cambio de acciones, el plan fue descrito por muchos como “nacionalización parcial”: una medida radical que se necesitaba para que los bancos comenzaran de nuevo a prestar dinero. De hecho, no ha habido ninguna nacionalización, parcial o no. Los contribuyentes no han adquirido un control significativo, razón por la cual los bancos pueden gastarse su inesperada ganancia como quieran (en bonificaciones, fusiones, ahorros…) y el gobierno no puede hacer otra cosa que rogar que utilicen una parte en préstamos.
Entonces, ¿cuál es el verdadero propósito del rescate? Me temo que es algo mucho más ambicioso que un regalo que se da una sola vez a los grandes negocios: este rescate está diseñado para seguir saqueando al Departamento del Tesoro durante años. Recuerden, la preocupación principal entre los grandes jugadores en el mercado, en específico los bancos, no es la falta de crédito sino los maltrechos precios de sus acciones. Los inversionistas han perdido la confianza en la honestidad de los bancos, y con razón. Aquí es donde el capital del Departamento del Tesoro rinde frutos.
Al comprar acciones en estas instituciones, el Departamento del Tesoro lanza el mensaje al mercado de que son una apuesta segura. ¿Por qué segura? Porque el gobierno no puede darse el lujo de que fracase. Si estas compañías se meten en problemas, los inversionistas pueden suponer que el gobierno seguirá encontrando más dinero, ya que permitir que se derrumben significaría perder sus primeras inversiones de capital (nomás miren a AIG). Esa atadura del interés público a las compañías privadas es el verdadero propósito del plan de rescate: el secretario del Tesoro Henry Paulson le está entregando a todas las compañías que son admitidas en el programa –que podrían ser miles– una implícita garantía del Departamento de Tesoro. Para inversionistas asustadizos en busca de lugares seguros para meter su dinero, estos acuerdos de capital serán aún más reconfortantes que una calificación Triple A de Moody’s.
Un seguro como ese no tiene precio. Pero para los bancos, la mejor parte es que el gobierno les paga –en algunos casos miles de millones de dólares– por aceptar su aprobación. Para los contribuyentes, en cambio, todo el plan es muy riesgoso, y podría costarle significativamente más que la idea original de Paulson de comprar 700 mil millones de dólares en deuda tóxica. Ahora los contribuyentes no solamente están enganchados por las deudas sino, podría decirse, por el destino de cada empresa que les vende capital.
Resulta interesante que tanto Fannie Mae y Freddie Mac disfrutaron de este tipo de garantía tácita. Durante décadas el mercado comprendió que, debido a que estos jugadores privados estaban enredados con el gobierno, el Tío Sam siempre saldría al rescate. Era el peor de todos los mundos. No sólo se privatizaban las ganancias mientras los riesgos se socializaban, sino que además el respaldo gubernamental implícito creaba poderosos incentivos para hacer imprudentes inversiones.
Ahora, con el nuevo programa de adquisición de acciones, Paulson tomó el desacreditado modelo de Fannie y Freddie y lo aplicó a una enorme franja de la industria bancaria privada. Y una vez más, no hay razón alguna para rehuir de apuestas riesgosas: sobre todo ya que el Departamento del Tesoro no le ha exigido a los bancos que dejen los instrumentos financieros de alto riesgo a cambio de los dólares de los contribuyentes.
Para documentar nuestro optimismo, el gobierno federal también reveló ilimitadas garantías públicas para muchas cuentas de depósito bancarias. Ah, y por si esto no fuera suficiente, el Departamento del Tesoro promueve que los bancos se fusionen entre sí, asegurándose así de que las únicas instituciones que queden en pie sean “demasiado grandes como para fracasar”. Se le está diciendo, de tres maneras distintas, al mercado fuerte y claro que Washington no permitirá que las instituciones financieras del país se responsabilicen de las consecuencias de su comportamiento. Puede ser que ésta sea la innovación más creativa de Bush: el capitalismo sin riesgos.
Hay un atisbo de esperanza. En respuesta a la pregunta del senador Corker, al Departamento del Tesoro se le dificulta distribuir los fondos del rescate. Pidió cerca de 350 mil millones de los 700 mil millones de dólares, pero la mayor parte de éstos todavía no sale por la puerta. Mientras tanto, cada día queda más claro que el rescate fue promovido de manera fraudulenta. Nunca consistió en conseguir que los préstamos fluyeran. Siempre en convertir el Estado en una gigantesca compañía de seguros para Wall Street: una red de seguridad para la gente que menos lo necesita, subsidiado por la gente que más lo necesita.
Esta grotesca duplicidad es una oportunidad. Quien sea que gane la elección del 4 de noviembre tendrá una enorme autoridad moral. Puede ser utilizada para hacer un llamado a frenar la distribución de los fondos del rescate, no después de la toma de posesión sino ahora mismo. Todas las acuerdos deben ser renegociados inmediatamente, y que esta vez sea el pueblo el que obtenga las garantías.
Es riesgoso, claro, interrumpir el rescate. Al mercado no lo gustará. Nada podría ser más riesgoso, sin embargo, que permitir que la pandilla de Bush le dé este regalo de despedida a los grandes negocios, el regalo del que continuaría tomando.
* Naomi Klein es autora de La doctrina del shock.
www.naomiklein.org.
Copyright 2008 Naomi Klein. Este texto fue publicado en The Nation.
Traducción: Tania Molina Ramírez.

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DINERO PLÁSTICO


La crisis llega a las tarjetas de crédito (*)
Millones de personas no parece que tengan otra opción que tirar la pelota para adelante, y hacen cargos a la tarjeta de crédito con la certeza de que no van a poder hacer frente al pago. The New York Times estimaba esta semana en 21.000 millones de dólares (16.000 millones de euros) la pelota creada por las tarjetas de crédito impagadas en la primera mitad de 2008. En un año y medio esa cifra se puede elevar a 43.000 millones de euros.

Primero, la Casa Blanca tuvo que diseñar un plan para rescatar a los bancos. Luego a las aseguradoras. A continuación vino la industria automovilística. Le está llegando por fin el turno a las hipotecas. El siguiente caballo de Troya pueden ser las tarjetas de crédito.La metástasis de este órgano esencial de la vida económica norteamericana puede tener consecuencias imprevisibles.

En estos momentos las pérdidas equivaldrían al 5,5% del endeudamiento pendiente, y van en camino de sobrepasar el 7,9% que se vivió después del estallido de la burbuja tecnológica del 2001.Al día siguiente de publicarse esta información, American Express anunciaba la eliminación de 7.000 empleos, un 10% de su plantilla. Además anunció la suspensión de los incrementos salariales para 2009 en puestos de gestión y la renuncia a cubrir vacantes. Objetivo: rebajar en unos 1.402 millones de euros los costes del ejercicio de 2009.

El fin de un imperio

¿Es el fin de un imperio? Estados Unidos es hoy una nación de idólatras del plástico. La gente vive compulsivamente a crédito. Hasta hace no tanto cualquier hogar estaba constantemente bombardeado de ofertas para proveerse de nuevas y más ambiciosas tarjetas. Todo eran facilidades e incentivos. Pagar al contado estaba casi mal visto: podía significar que uno carecía de crédito, es decir, que era un don nadie. Privarse de cosas sólo por no disponer del dinero ya era de pusilánimes.De repente el país se ha llenado de personajes de novela de Raymond Carver, esa clase media-baja que se alcoholiza con el béisbol y con la mastercard tanto o más que con el alcohol mismo. Y que un día se pregunta cómo ha podido ser que le embarguen el coche y la casa. ¿No decían que siempre había otra solución, que de algún modo se podía quedar a deber siempre?Sí lo decían, y durante muchos años ganaron una fortuna diciéndolo. No cambiaba un dólar de mano sin movilizar un gran séquito en intereses. La morosidad no daba miedo porque en ella, precisamente, estaba la clave del negocio: en el endeudamiento perpetuo.Se podía asumir una porción fatal de morosos definitivos a cambio de las fabulosas ganancias obtenidas sobre los endeudados que siempre se desendeudan en el último minuto. Se pasa muy mal si no se tiene crédito en América.Todo eso empieza a cambiar. Mintel Comperemedia, una empresa de marketing directo encargada de publicitar las tarjetas de crédito entre los usuarios, informa de que la oferta ha descendido a mínimos del ejercicio 2004.Los bancos y las redes de tarjetas están endureciendo rápidamente sus condiciones para dar crédito y hasta lo recortan sin previo aviso a clientes de toda la vida. Hay quien se queja de que se lo han recortado hasta cuatro veces en un año.«El problema es que hace tiempo que hemos dejado de ver el crédito como un recurso de emergencia para confundirlo con el dinero de cada día», reconocía Susan en un comentario a la edición electrónica de The New York Times. Richard, un lector de Lenox, en Massachussets, se permitía ser irónico: «me he hecho la cirugía plástica...¡he cancelado mis tarjetas de crédito!».Lo que ocurre ahora se explica en parte porque la crisis hace cundir el desempleo y la morosidad, pero no sólo. Los beneficios de las tarjetas de crédito disminuyen por una serie de factores que incluyen desde los costes financieros, que se mantienen elevados en época de desconfianza bancaria, hasta la contención en el gasto por parte de los usuarios.En otros momentos la respuesta a ello ha sido incrementar las tasas y comisiones. En las circunstancias actuales el margen de maniobra se estrecha mucho. ¿El negocio se ahoga?En este contexto puede sorprender que la otra gran red de tarjetas de crédito, Visa, por la que pasan el 52% de las transacciones de todo el mundo, se haya descolgado este trimestre con unos resultados inesperadamente positivos. No es que sean unos resultados óptimos, pero sí quedan llamativamente por encima de lo esperado en estos tiempos de tribulación.Visa ha ganado 625 millones de euros en el ejercicio fiscal de 2008. Estos resultados contrastan con los 670 millones perdidos en el ejercicio anterior. Visa anunció un beneficio neto de 96 centavos por acción y un incremento del 20,6% sobre su facturación del año anterior. Entonces facturó por valor de 4.047 millones de euros y ahora lo ha hecho por valor de 4.881 millones.

Débito, mejor que crédito

Claro que hay un secreto: el presidente y consejero delegado de Visa, Joe Saunders, afirmó que hoy en día el 53 por ciento de las operaciones mundiales de la compañía son de débito y no de crédito. Este dato resulta coincidente con los datos de un análisis sobre la evolución de las tendencias de pago en los Estados Unidos publicado este mes de octubre en el boletín de la Reserva Federal. En él se lee que entre los años 2003 y 2006 se disparó en Estados Unidos el pago «sin dinero» a razón de un 4,6% cada año, pasando de 63.000 millones a 72.000 millones de euros.Por primera vez en este periodo las tarjetas de débito han empezado a imponerse a las de crédito, particularmente a la hora de hacer una multitud de pequeñas operaciones cotidianas de escaso valor. La proliferación de las facilidades tecnológicas y la generalización de la cultura del «dinero de plástico» crece rápidamente incluso en zonas rurales del Medio Oeste americano.¿Es el débito el futuro, es el crédito el pasado? Aunque esa sea la tendencia, queda por resolver el presente, donde todavía son legión los hechizados por la Circe de plástico, desde particulares acostumbrados a gastar lo que no tienen hasta pequeños negocios habituados a usar el crédito como forma de vida ante cualquier contrariedad. Nadie les había avisado de que hubiera ninguna razón para cortar el grifo. Hasta ahora.
(*) Insurgentes

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