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martes, 28 de junio de 2011

PRIMERA TAREA: PROTEGERNOS DEL DESÁNIMO...



Los socialistas y el nuevo gobierno:

¿QUÉ HACER?
Augusto Malpartida León

Que me perdone Lenin por robarle el titular, pero cuando la situación se vuelve tan confusa, como ahora que Ollanta Humala ganó las elecciones, el hurto resulta el expediente más sencillo.

Primero, lo primero, la izquierda socialista sigue siendo tan marginal como hace 20 años. Hoy tiene un par de parlamentarios en Gana Perú, un gobierno regional, algunos alcaldes y regidores distribuidos por el país y paramos de contar. Lo que quedó de la izquierda de los 70 y 80 o se fue a su casa o se inscribió en el Partido Nacionalista Peruano en un esfuerzo heroico por encontrar una tabla que le permita aprovechar la corriente.

Segundo, la victoria de Ollanta Humala tiene un carácter popular desde los tuétanos. Desde el tipo de votante que hizo llegar al nacionalismo al 51%, hasta los ejes de la propuesta nacionalista planteados inicialmente en el 2006 y adecuados, “aggiornados”, procesados, para el 2011.

Tercero, el sector de izquierda que firmó un acuerdo con Ollanta (Patria Roja luego de su aventura fallida con Fuerza Social, terminó apoyando en la segunda vuelta a Ollanta con un comunicado) puso todo lo que tenía, que no era mucho tampoco, al servicio de la campaña, con lo que el gobierno de Ollanta termina siendo “su” gobierno también. Esta es una situación un tanto incómoda porque el nivel de influencia que tiene en el nuevo gobierno es casi cero, y sin embargo va a tener que dar cuenta por decisiones en las que no tiene ninguna responsabilidad, porque nunca ha sido consultada. A decir verdad el acuerdo terminó cuando se definieron las candidaturas y ya, después de eso las decisiones de la campaña electoral le eran comunicadas vía los diarios y noticieros de radio y televisión.

Los que no tuvimos ningún acuerdo firmado, no estamos en mejor posición, hicimos campaña, algunos desde el 2005, y vemos pasar el vagón donde se toman las decisiones desde fuera del carrousel en que se ha convertido el tema de la preparación del nuevo gobierno, comisión de transferencia incluida.

Tochi, un dirigente histórico de la izquierda socialista resumía el asunto así: “no es nuestra hora, será nuestro gobierno, pero  no nuestro gabinete”. Y es que el “núcleo de acero” de esta trenza –para hablar en términos de Ricardo Letts- lo conforman Ollanta, Nadine, Lerner y Abugattás y hasta donde sé, ninguno tiene vocación por darle a la izquierda más espacio del que ya tiene. Y también es cierto que bastante trabajo van a tener con, además de gestionar el gobierno, convertir al PNP en un partido de verdad.

Entonces la izquierda socialista, pasada la justa alegría del triunfo, tendrá que asumir que ni va a ser gobierno, ni socia del gobierno. Pero tendrá que respaldar activamente al primer gobierno de raigambre y perspectiva popular de nuestra historia, que al final será la tarea más fácil. Lo difícil va a ser cómo en medio de esta situación se construye un partido de la revolución socialista capaz de ser un proyecto político viable, confiable y que genere entusiasmo, por lo menos, en millones de peruanos que buscan transformaciones duraderas.

El triunfo de Ollanta es un buen síntoma de las condiciones favorables que se abren. Un país izquierdizado ha colocado un presidente contra la campaña de la derecha, contra el poder de los de siempre. Que ganó por 3 puntos porcentuales, no interesa, esto es como el fútbol, no importa ganar por uno, dos o tres goles, lo realmente importante es ganar.

De aquí para adelante todo el arte se reduce a respaldar al nuevo gobierno, con suficiente independencia como para no terminar “nacionalizados” por él, es decir que seamos tan oficialistas que al final nos miren como lo mismo. Una clave en este terreno es la que dieron en su momento la huelga amazónica, la población de Islay, y en los últimos días los aymaras puneños y los estudiantes huancavelicanos, entre otros, “respaldamos pero tenemos agenda propia”.

Y allí es en lo que tenemos que trabajar duro: ¿cuál es la agenda de la izquierda socialista hoy?, incidir en el nuevo gobierno para profundizar la política redistributiva desde la lógica de los derechos y no de los programas sociales que dependen de la buena voluntad del gobernante?, reintroducir en la agenda política el tema de la Asamblea Constituyente?  retomar la idea de cambios drásticos en la economía en la lógica de generar un modelo económico alternativo al neoliberalismo a la bruta instaurado en la país? construirnos como partido?, resolver el impasse que se tiene con los movimientos sociales que se enfrentan al estado y a la lógica extractivista de los neoliberales peruanos? Recuperar el sentido subversivo, transformador, de la existencia de la izquierda socialista?

Probablemente todo esto y mucho más. Pero lo cierto es que sin agenda propia, la lucha por ministerios, vice ministerios, direcciones y subdirecciones, se convertirá en el nuevo campo de batalla de una izquierda que tiene grandes deudas con el país y la más grave de todas seguramente es haber carecido de voluntad de poder, en medio de una abundancia de ambición por el cargo doméstico.

Publicamos este magnífico artículo de Augusto Malpartida porque refleja un estado de animo de la gente de izquierda que proviene de una mala interpretación de los gestos que da el próximo nuevo gobierno.No caigamos en desánimos.
Paciencia es lo que aconsejaría la más simple sabiduría. 

lunes, 23 de mayo de 2011

JURAR POR EL CAMBIO



Lea el Juramento de Humala por la Democracia en el Perú



COMPROMISO EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA Y CONTRA LA DICTADURA. A continuación el documento que juróOllanta Humala en la Casona de San Marcos,respaldado por una serie de personalidades de varios ámbitos. El mismo premio Nobel,Mario Vargas Llosa expresó su respaldo mediante un video, emitido durante el acto.
Otra vez, como en el año dos mil, los peruanos y peruanas tenemos que optar entre defender,  preservar y mejorar la democracia, o permitir el retorno de la dictadura a la que Fujimori y Montesinos  sometieron al país durante toda la década de los 90.
Democracia o dictadura es nuestro dilema. Dictadura con todo lo que ésta  significó entre 1990 y el 2000: permanencia inconstitucional en el poder, corrupción generalizada, control de las instituciones, compra de medios de comunicación, violaciones innumerables de derechos humanos, vínculos con el tráfico de drogas y de armas, persecución  de opositores y demás arbitrariedades y abusos propios de todo régimen dictatorial, como el que vivió el país y  ahora se pretende reinstaurar.
Gana Perú, como movimiento político que ha logrado la mayor votación  en la primera vuelta, quiere despejar todas las dudas que puedan haberse  generado, por una u otra razón,  sobre los principios que guiarán su gobierno  a partir del 28 de julio de este año.
Con  esta intención, ante la grave disyuntiva en que nos encontramos,  he decidido no solo proclamar explícitamente mis compromisos ante todo el país, y ante la opinión pública internacional, sino expresarlos bajo la solemne gravedad del juramento, teniendo al pueblo entero del Perú como testigo.
He pedido además a un grupo de ciudadanos de indiscutible credibilidad que acompañen este acto y testifiquen así, ante la Historia, mi compromiso.
1.    Proclamo que no me quedaré ni  un minuto más de los 5 años, que dura el período  presidencial.  Asumo el compromiso de no hacer ni intentar ningún  cambio constitucional que permita la reelección.
2.    Manifiesto que respetaré la independencia y los fueros de los otros poderes del Estado. 
3.    Me comprometo a que la libertad de  expresión será respetada, protegida y estimulada. Que la libertad de prensa no solo será respetada y valorada sino será decididamente defendida.
4.    Proclamo que cumpliré con los cambios ofrecidos para lograr una distribución más justa de los recursos económicos del Perú, y para una mayor inclusión económica, social, étnica, geográfica y  cultural  de todos los peruanos, especialmente de quienes se encuentran en pobreza o extrema pobreza.
5.    Declaro que los cambios para una distribución más justa de recursos y para una menor exclusión,  se harán respetando siempre los procesos propios del estado de derecho, y teniendo siempre presente la  importancia de no arriesgar sino de estimular el sostenido  crecimiento económico que vive el país.  

6.    Respetaré  los derechos humanos  de todos, y no permitiré  ningún tipo de influencia política en las investigaciones que sobre la violación de estos derechos estén en curso o se abran en el futuro.
7.    Me comprometo a que la lucha  contra todo caso de corrupción que se haya cometido en el pasado o que pudiera cometerse en mi gobierno, será una prioridad para mí, creando  y fortaleciendo  los instrumentos necesarios para ello.
8.    Daré prioridad a una política internacional de buenas relaciones con todos los países de la región, y ante cualquier diferencia o controversia apelaremos solo a las vías de la diplomacia y el derecho internacional.
9.    Será prioridad de mi gobierno luchar eficazmente contra la inseguridad ciudadana, el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado.
10.    Proclamo que los ministros de Defensa y del Interior serán civiles, en respeto al principio del control civil democrático sobre las fuerzas de seguridad.
11.    Nos empeñaremos en prevenir y solucionar los conflictos sociales. Nuestro gobierno garantizará las inversiones y la explotación de recursos naturales, garantizando a la vez el respeto a  los derechos y libertades de los pueblos indígenas y de la poblaciones locales, junto con los estándares de medio ambiente que no solo demandan la ley nacional y los convenios internacionales sino, sobre todo, las generaciones futuras.
12.    En mi gobierno primarán los principios  de no  discriminación y de igualdad de oportunidades. Nadie será menos en la Patria de todos y nadie deberá sentir que no tuvo la oportunidad y la protección que su país debió brindarle.
Juro ante Dios, ante la Historia y ante mi pueblo que cumpliré estas promesas y seré un Presidente que solo actúa dentro de la Constitución y el Estado de derecho.
Tienen mi palabra.
  
Comentario:

Asistí, por invitación del Ideele, a la juramentación realizada por el candidato presidencial Ollanta Humala en la histórica Casona de San Marcos.

No dudé un instante en aceptar la invitación y me sentí muy honrado de haber sido convocado, a pesar de mi condición de extranjero con 31 años en el Perú, junto a un notable grupo de peruanos a quienes, en su mayoría, alguna vez había tenido la oportunidad de entrevistar y muchos de los cuales merecen mi sincera admiración. Se trataba de esa clase de ciudadanos a quienes conocemos por sus preocupaciones cívicas, por su talento profesional, por su actitud crítica y edificante y entre otras virtudes sobresalientes, por no frecuentar las páginas de la prensa en las que se destaca el escándalo o el latrocinio.

Creo que nunca antes había cantado con una emoción tan auténtica el Himno nacional del Perú. No se trataba, como dice la prensa oficial, de agnósticos de izquierda. Se trató de una reunión de mujeres y hombres de FE, de FE en la democracia, de FE en la convivencia, de FE en la tolerancia, de FE en la convicción que el Perú tiene el mejor de los destinos si se decide, sin alterar una sola de la libertades y principios que hacen a la democracia, crear una sociedad con espacio real para el desarrollo individual y social de cada uno de su habitantes. 

Nadie, en ese conjunto de ciudadanos, pretende frustrar el crecimiento económico, ni muchísimo menos alterar la hoy inestable y precaria paz social. Pretenden sí, erigir una barrera para evitar el retorno a prácticas que, en épocas cercanas, avergonzaron a quienes aspiran a una sociedad donde imperen la decencia, la justicia y el respeto por la vida. El candidato Ollanta Humala juró solemnemente, ante ese auditorio, sostener los principios de la democracia, los lineamientos económicos y bregar por una mayor inclusión social. Estoy convencido en la autenticidad de ese juramento y lo estaba ya antes de escucharlo. Me basta saber quiénes lo atacan para comprender cuál es la trinchera desde la que debe defenderse la democracia.

Guillermo Giacosa