sábado, 23 de octubre de 2010

LA AGONIA DEL PERU por Alejandro Loarte



El Perú vive un momento crucial de su historia. Las presentes elecciones le sirven solo como escenario de expresión (epifenómeno). Dicha crucialidad tiene las características de una crisis histórica. ''Una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que esta muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer'', dice Gramsci.

Lo que muere no es la rancia representación de partidos tradicionales y caudillos arrugados a los que hay que reemplazar con nuevas máscaras.

Lo que muere es un modelo económico-social y la ideología-política que lo justifica.

Un modelo que prioriza la exportación de materias primas y productos de pobre valor agregado para satisfacer intereses transnacionales y mercados en el primer mundo, y por ende que desatiende el mercado nacional sacrificando la integridad de la riqueza pública y el bienestar de las mayorías. Un modelo de capitalismo atrofiado y dependiente.

Muere también su capsula ideológico cultural, su régimen político de dominación, ese estado cuasi-aristocrático y centralista que ha perdurado casi doscientos años excluyendo del gobierno y del poder a las mayorías nacionales (léase indígenas, campesinos, obreros, estudiantes, mujeres, ancianos, militares, etc.); se desmorona con él, el sistema de partidos aristocráticos, caudillistas, clientelistas, y de políticos que han sustituido la ética pública por la contra-ética de la mafia y la corrupción. Este modelo de dominación es el oligárquico.

Obsoleto ya desde algunas décadas atrás, en su más reciente acto de resistencia a morir inhaló el éter del neoliberalismo, aplicó recetas fondomonetaristas de Washington, y pudo extender su moribunda sobrevivencia merced al espejismo de ''éxito económico'' iniciado por Fujimori, disfrutado por Toledo, y en proceso de evaporación con García.

Gracias a su alianza ideológica con el neoliberalismo, el sistema oligárquico ''no termina de morir''.

No habiéndose todavía agotado materialmente el ''éxito económico'' que parodia, ese complejo de creencias y valores asociados a él (el neoliberalismo) que absolutiza el lado egoísta y salvaje de las libertades individuales, la liberalización de los mercados y la competencia desigual y desleal, que santifica una despiadada y desregulada propiedad privada, y que emula las elecciones periódicas como únicos mecanismos de participación popular, constituye el ensamblaje ideológico con que la oligarquía extiende un poco mas su desfalleciente hegemonía.

Lo que al mismo tiempo nace no se identifica en naturaleza con el neoliberalismo.

Lo que al mismo tiempo nace proviene, por un lado, de la vertiente regional donde la riqueza y el mercado nacionales se reivindican y defiende con claridad y firmeza (sino mírese a Cajamarca, Paita, Loreto, Cuzco, Arequipa, Junín). Un sentimiento común de vergüenza, asco y repudio a la forma inescrupulosa como se ha vilipendiado la cosa pública (el estado) durante las tres últimas administraciones es también síntoma de algo que está naciendo.

La multiplicidad de alianzas y movimientos regionales manifiesta descontento con el imperante sistema centralista de representación civil y político. Varias de estas alianzas surgen en base a programas de gobierno municipal/regional. Esto prueba que ''lo que está naciendo'' es un algo participativo, democrático, inclusivo, y, hasta cierto punto, religiosamente desprendido. La confluencia regional de voluntades y fuerzas políticas nacionalistas, progresistas e izquierdistas favorece esos desenlaces.

Ya, en el corazón de esta cristalización novedosa, se decanta un trascendental evento en la historia del Perú. Las vertientes socialistas, representadas por los dos mayores partidos comunistas (El Partido Comunista del Perú - Patria Roja, y el Partido Comunista Peruano - PCP) en particular, caminan hacia la refundación superior del partido heroico al que subscribió José Carlos Mariátegui. La unidad de los comunistas es el evento de mayor importancia estratégica para la codificación revolucionaria de la nueva hegemonía. Una hegemonía alternativa a la oligárquica que ha encontrado en el dogma neoliberal las plegarias que prescribe e impone sobre la población para extender su dominación.

La unificación de los socialistas se desenvuelve con una imaginación que va más allá de la circunstancia electoral. Responde a una demanda del tiempo histórico (presente). Es lo medular del lado nuevo en medio de la crisis orgánica que vive el Perú. La fortaleza orgánica e ideológica de los socialistas garantizará que las bases de consenso del bloque nacional popular en formación maduren y conformen la nueva hegemonía, la nueva utopía que sustituya a la oligárquica en la misión formativa de la nación peruana. El desmontaje del capitalismo deformado y dependiente y de su amalgama ideológico-política oligárquico-neoliberal, remite a su antítesis final que es el socialismo. La hegemonía oligárquico-neoliberal no se sustituye con mas neoliberalismo cualquiera sea el tinte que use. Por el contrario, en el devenir hacia el socialismo, la hegemonía alternativa incorpora elementos progresistas, nacionalistas, indígenas, étnicos, regionalistas, comunitarios, participativos, y otros que oponen al dogma neoliberal. Una visión nueva del Perú debe constituirse en luz encantadora que entusiasme la propagación de la nueva hegemonía. Una visión nueva identifica al Perú como una nación desarrollada y saludable, nacional e inclusiva, participativa y con el poder democratizado, soberana e internacionalista; como un país que desarrolle sus factores de producción y distribución de bienes y riquezas con justicia social, y que este comprometido con el logro de la mayor felicidad posible para todos los peruanos.

Un tiempo cuando el que ''está muriendo no termina de morir y el que está naciendo no termina de nacer'' trae consigo una alta e inevitable densidad de confusión. Los procesos electorales atizan el fuego y las aguas evaporan aun más. Más vapor y neblina empañan la visión de algunos. Algunos de los que no ''terminan de morir'' y ''no terminan de nacer'', empañados de esa neblina, propenden a agregarse mutuamente: los primeros porque no quieren morir del todo todavía y los segundos porque creen que ayudándose de los que mueren pueden nacer pronto. Acciones guiadas por esta fe son, por decir lo menos, erróneas.

Entre ''los que están muriendo'' se distingue el recientemente laureado Nobel de Literatura 2010; el ideólogo vicario del neoliberalismo latinoamericano extremo, Mario Vargas Llosa. Se equivoca el ciudadano Ollanta Humala, que dice formar parte de ''los que están naciendo'', cuando al mismo tiempo busca aval y apoyo en aquél. La vertiente nacionalista es parte casi natural del bloque popular nacional. Sin embargo, su liderazgo pone en duda la autenticidad de sus objetivos de Gran Transformación. Meses atrás, Carlos Tapia y Sinesio López, connotados ideólogos del nacionalismo, formulaban líneas de gobierno sobre bases de un 'neoliberalismo no-extremista, light y soft'. También, a propósito de las recientes elecciones municipales, revelaron una vez mas cual es el tope de su cielo; dijeron apoyar una candidatura anti-corrupción como la de la derechista Lourdes Nanos más bien que la de Susana Villarán, la candidata popular.

Otro de ''los que están muriendo'' en esta época es Alejandro Toledo y su partido Peru Posible. En sus cinco años de administración el neoliberalismo se consolidó como política oficial del estado oligárquico y acondicionó las bases para implementar los Tratados de Libre Comercio. Sin embargo el ciudadano Vladimiro Huaroc, presidente del partido Fuerza Social (cuya candidata, Susana Villarán, acaba de ganar las elecciones municipales en Lima), espera formar un frente de centro izquierda y ''concertar una propuesta nacional con Perú Posible... con el liderazgo del presidente Toledo''.

Ambos, nacionalismo y fuerza-socialismo, forman parte de aquellos que ''están naciendo pero no terminan de nacer''. Ya, emulados con ciertos logros electorales municipales parecen actuar con negligencia política, como si el futuro solo importara en la medida en que se ganen más elecciones. Ganar al modo rancio del estilo oligárquico, a través de componendas sinvergüenzas y secretas. Buscan arrimarse a ''los que están muriendo y no terminan de morir'', como Mario Vargas Llosa y Alejandro Toledo. Confían más en ellos que en el propio pueblo. Guardan la ilusión de que estos agentes moribundos de la oligarquía-neoliberal puedan hacer que triunfen pronto.

Nada más favorable para perpetuar la hegemonía oligárquico-neoliberal: el oscurantismo ideológico de ciertas fuerzas del cambio que propugnan una llamada centro-izquierda. A través de ella, la oligarquía se mimetizará una vez más dentro de bases populares y nacionales. Con plegarias vaciadas de ortodoxia, reformuladas en lenguaje simple, subliminal y transformador, continuará pautando códigos de conducta política a todos los peruanos para que sigamos bailando al ritmo que su dominación e intereses lo requiera.

La unidad de los socialistas peruanos y la Gran Unidad de todas las fuerzas populares y nacionales rumbo al Gran Cambio tienen su éxito empeñado en un programa cuyo principio fundamental es incompatible con el neoliberalismo.

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