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sábado, 1 de agosto de 2009

ALTA ZOOCIEDAD - ÚLTIMO CAPÍTULO (eso esperamos)





Padre nuestro
por César Hildebrandt

Francisco Tudela, que fue algo así como la simbólica madame Pompadour de aquel bonapartismo fujimorista nacido en una llantería, acaba de decir que jamás volverá a la política.
¿Pero es que alguien lo ha llamado, aparte de Raúl Vargas, claro está?
¿Lo han llamado de algún antro académico, de alguna sigla con casa matriz en Huachipa, de alguna lista de parlamentarios ávidos de parecerse a Aldo Estrada?No, nadie lo ha llamado. Ni Yehude Simon está tan desesperado.
Pero he aquí que Francisco Tudela desprecia el llamado que no se ha producido y rechaza la invitación no formulada. Así de misterioso es este pariente vergonzante de la China Tudela, que es, como se sabe, lo mejor de la familia.
No quiere don Francisco volver a bailar el baile del Chino montado en la tarima de la re-reelección, moviendo hombros y caderas junto a Carlitos Álvarez en aquellos mítines inolvidables surgidos de la imaginación de Carlos Raffo.
Sí, porque no hay que olvidar que Francisco Tudela fue, aparte de canciller para todo servicio, el segundo de a bordo en la cochinada aquella de la tercera elección de Fujimori, tercera que volvióse segunda después de que Torres Lara la “interpretara auténticamente” leyendo la entrelínea del artículo 112 de la Constitución.
Pero este señorito de voz queda no sólo agrede a la política renunciando a ella. Agrede a algunos periodistas y nos nombra como los responsables de su prescindencia, de su automarginación. Y habla “de la calaña de la política peruana” como si él no hubiese aportado toneladas de bosta a la mala reputación de la política peruana. ¡Qué oportuna modestia!
Pero estoy seguro de que Tudela no miente cuando ahora dice que la política peruana le asquea. Bueno, es comprensible que al sirviente de una dictadura le cause arcadas el marco democrático, la relativa limpieza de la Onpe, la existencia de una prensa libre, la siempre tensa vigencia de las leyes. Ya quisiera Tudela que volvieran las oscuras golondrinas de Montesinos y los buitres de Blanca Nélida y las guaneras de Rossy War, su rumbera de al lado. Eso sí no le daba vahiditos a Tudela. Eso, más bien, le gustaba: un Chino emperador, un rufián comprando congresistas y canales y él de canciller citando a Séneca.
Además, ¿qué puede interesarle la política a Francisco Tudela ahora que ya tiene a su adorado papi a su costado? ¿No era acaso su padre lo que él más quería?
¿No es tierno?
Cuando a Felipe Tudela y Barreda lo tenía su esposa (o sea la madrastra fea y mala), resulta que el señor estaba, según sus entrañables vástagos, mentalmente inhabilitado y judicialmente interdicto para tomar decisiones. Era poco menos que un anciano decrépito que obedecía a una bruja. Y así lo establecían “los peritajes de parte” y los diagnósticos por encargo. Pero ahora que está al lado de sus hijitos, que tanto lo quieren y que tanto han hecho por él a lo largo de todos estos años, resulta que don Felipe Tudela y Barreda ha recobrado, de pronto, la lucidez, el buen juicio y, seguramente, hasta el pulso para firmar lo que resulte conveniente. Se diría que hasta la vista la ha recuperado y que hasta podría leer, cual locutor, el teleprónter que se le presentara.
¡Qué maravilla! O sea que la proximidad con esos creciditos retoños que jamás estuvieron interesados en otra cosa que no fuera su felicidad, ha logrado el milagro sináptico que ningún doctor Alzheimer pudo prever ni ningún neurólogo vulgar admitiría.
¿No merece esto un reportaje urgente de Natgeo? ¿O es Discovery Health?
Y ahora don Felipe –sin ninguna intervención de sus hijitos, claro está, espontáneamente por supuesto- reniega de su mujer, le dice que fue una cornuda porque él se distrajo con otras damas y la llama raptora porque afirma que la suya no fue boda sino secuestro.
¿Pero cómo un caballero parecido al José Antonio de Chabuca Granda llega a decir cosas que podría haber dicho un tamalero de Pancho Fierro?
¿No querrá Biography Channel interesarse?
Al mismo tiempo, sus amorosos (y dicho sea con delicadeza: quizá inminentes) herederos van a RPP a hablar de minutas de abogados que llaman excesivas, de gastos conyugales que consideran inauditos y de dineros esfumados que no es que importen (porque así son de desprendidos ellos) sino que revelan el interés material de aquella Graciela de Losada mala, mala y tres veces mala por interesada.
Y colorín colorado, este cuento ha terminado.
Fuente: Diario La Primera
Bueno a todos nos resultan bastante vomitivos los señoritos de marras (mas aún con esas voces tan extreñidas) y nos causan escalofríos los mil rostros de Doña Chela y esos consiglieris de la mafia neoyorquina del famoso (y oneroso) estudio de abogados. Y el nonagenario también es un moplo insoportable.
Amén del daño terrible que le han hecho a nuestra entrañable pituquería sanisidrina comportándose igual que cualquier zambo delincuente de la Huerta Perdida de los Barrios Altos.
Que se cansen, joder. Que se cansen.
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miércoles, 10 de junio de 2009

EL LADO OBSCURO DEL GORDO

Querido diario: ¿ Qué se creen...ciudadanos de primera clase ?



Recetas de la abuela
por César Hildebrandt

La prensa neofascista tiene cada vez más influencia en el gobierno. Opiniones vertidas un martes en sus páginas se convierten muchas veces, al día siguiente, en la agenda del señor Alan García. Y no sólo en su agenda sino que también en sus adjetivos, sus desmanes y sus amenazas.
Esa prensa es experta en brindar coartadas güiquipédicas de todos los calibres.
¿Que los nativos de la selva protestan por leyes que no les consultaron y que el Congreso debió de derogar porque la subcomisión encargada de analizarlas así lo determinó?
Pues entonces citan el ejemplo de Chile con los mapuches. ¡Exterminio y represión! El genocidio del pueblo mapuche es uno de los capítulos más sórdidos del siglo XIX chileno. Y la actuación de la actual Agencia Nacional de Inteligencia en contra de personalidades como la cineasta y musicóloga Elena Varela demuestran que, en ese punto, la señora Bachelet rima políticamente con el señor Pinochet.
Otros propagandistas del ametrallamiento como solución, recetan la siguiente fórmula:
“Y que la carretera Tarapoto-Yurimaguas sea desalojada a como dé lugar, no importa el costo, para dar una señal clara de que en el Perú no es barato derramar la sangre de policías. Esta vez que vayan bien armados. Y a la primera piedra que les tiren, que respondan sin asco y con todo su poder de fuego”. (Uri Ben Schmuel, “La Razón”, edición de ayer. ¿Alguien mencionó Gaza?).
Otro representante de la derecha hemofágica había lamentado que los policías asesinados en la estación seis de bombeo del oleoducto no hubiesen vaciado las cacerinas de sus AKM sobre la multitud.
“Haces un “erizo circular” y metes mil balas en minutos. No te toca nadie. A unos carabineros chilenos o “marshalls” yanquis no los mataban tan mansamente, por Dios”, escribió este desperdiciado guionista de Sam Peckinpah (ignorando que ese crimen repugnante se produjo, precisamente, cuando los policías estaban ya desarmados y en condición de rehenes; a no ser que se esté reclamando por una “masacre preventiva”).
En resumen, la vieja y trémula derecha de toda la vida vuelve a exigir un baño de sangre y un ajuste de cuentas. O sea, la receta de la abuela, el purgante casero, la matazón que escarmienta: casi un aviso de la revista “Variedades” en contra de los incómodos piojos.
Y esa es la derecha que Alan García está escuchando y siguiendo. Como cuando Eudocio Ravines aconsejaba a Haya de la Torre delante de un cebichito
.¿Aceptará el Apra, como partido y no como furgón de Palacio, el triste papel de matar selváticos para que el TLC con los Estados Unidos haga click con el modelo?
Bueno, que Mauricio Múlder asuma su responsabilidad.
Al escribir estas líneas me confirman que el gobierno de Nicaragua ha concedido pleno asilo a Alberto Pizango.
No cabía otra cosa. No había cómo negarle a Pizango el asilo teniendo en cuenta que el presidente Alan García lo llamó, el sábado pasado y sin necesidad de investigación alguna, “delincuente”.
La responsabilidad de Pizango es moral y política. Y si judicializáramos el asunto –es sólo una hipótesis académica- el señor Pizango, en todo caso, es tan delincuente como el señor Alan García.
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sábado, 6 de junio de 2009

LUTO EN LA MURALLA VERDE





Al menos 32 muertos por acción policial
en Amazonia peruana
TeleSur
Al menos 20 indígenas y 12 policías murieron, mientras otras 30 personas resultaron heridas producto de la acción policial en la Amazonia, donde miles de nativos se mantienen en pie de lucha en protesta por una serie de decretos que consideran atentan contra sus derechos territoriales y sociales, que los han llevado a bloquear carreteras y cerrar pasos en la zona.
Así lo confirmó el colaborador de teleSUR en la localidad de Baguas (norte), Jeinner Cubas, quien reportó que aproximadamente a las 6 de la mañana (hora local) los cuerpos de seguridad iniciaron un proceso de desalojo de los manifestantes.
Cubas además precisó que "31 indígenas están heridos y permanecen en el Hospital Central de Baguas y cinco mestizos heridos, entre los que se cuenta una niña menor de edad".
"Hay mucho caos en el hospital, se están acabando las medicinas para atender a los heridos. La sede de la Gobernación ha sido incendiada, la sede del partido Aprista (Alianza Popular Revolucionaria Americana, Partido Aprista Peruano, en el Gobierno), la oficina de Sanidad, la oficina de la Policía. Hemos apreciado balaceras, bombas lacrimógenas", añadió.
El dirigente Alberto Pizango, en entrevista exclusiva para teleSUR, dijo que "esta es una maniobra para acallar los genocidios y asaltos que ha cometido su Gobierno, por meter bala con armas de guerra a mis hermanos que están allí. Clamamos por la vida, por el derecho a la paz y a vivir tranquilamente".
Agregó que "el gobierno de Alan García ha perpetrado la peor matanza de nuestro pueblo en los últimos 20 años". "El presidente Alan García es un genocida", denunció.
"Creo que debe iniciarse la negociación para la solución de este conflicto. Solicitamos la intermediación internacional para solucionar los problemas. Esto ya llegó muy lejos porque la vida no se puede renovar", agregó.
Más temprano, el líder indígena, Servando Puerta, confirmó que "nos han reportado cinco muertos, pero exactamente no se sabe si hay menos o más".
Puerta explicó que los fallecidos, al parecer todos nativos, recibieron impactos de bala, principalmente en la zona del tórax por parte de la policía.
El "apu" (jefe indígena) agregó que los helicópteros han arrojado bombas lacrimógenas contra los manifestantes y que ahora se están trasladando a la estación 6, de la petrolera estatal PetroPerú, para desalojar a los nativos.
Sin embargo, medios peruanos informaron que sólo ha fallecido una persona, un policía que presuntamente sobrevolaba la zona en un helicóptero, que recibió impactos de bala supuestamente propinados por los indígenas.
Ante la protesta indígena, el presidente de la nación, Alan García, había señalado en días pasados que el Gobierno ha tenido "mucha serenidad y frialdad (...) pero qué puede hacer el gobierno si no actuar con energía para poner orden".
La crisis de las protestas nativas se agravó este viernes debido a que la víspera el pleno del Congreso peruano aplazó el debate sobre el decreto 1090, Ley Forestal y de Fauna Silvestre.
El decreto 1090 forma parte de una decena de leyes que los indígenas reclaman al Gobierno central sean derogadas, que ha declarado cinco regiones en emergencia. Asimismo, los pueblos aborígenes han denunciado una campaña de desprestigio y persecución en su contra, diseñada desde el Gobierno Nacional.
Por su parte, la corresponsal de teleSUR en Perú, Verónica Insausti, informó este viernes en contacto telefónico sobre la posibilidad de que Alberto Pizango, presidente de la Asociación Comunidades Nativas de la Amazonia, así como otros indígenas que se mantienen protestando en la zona pudieran ser detenidos.

La orden vino de arriba
por César Hildebrandt
Ahora estarán frotándose las manos los que pedían sangre y fuego y restablecimiento del orden.
Para los pobres –incluidos los policías usados como carne de cañón- el “restablecimiento del orden” consiste en plomo a discreción y muerte difusa.En el Congreso también debiera haber algunos arrepentimientos.
El de Velásquez Quesquén, por ejemplo, operador rastrero de los designios presidenciales dirigidos a imponer los decretos de urgencia que la Defensoría del Pueblo ya había considerado inconstitucionales.
¿Qué interés puede estar tan por encima del diálogo y la paz?
El interés de lo que John Dos Passos llamó “The big money”, título de su inmortal novela sobre ese capitalismo que todo lo devora.
¿Y por qué no funcionó la llamada Mesa de Diálogo presidida por el muy incompetente Yehude Simon?
Porque hubo mala fe de ambas partes. Tanto de Simon, encerrado en la loseta que García le ha puesto como destino y escenario, como de Alberto Pizango, ese misterio pétreo que no sabe de matices sino de victorias maximalistas.
Los irresponsables congresistas nacionalistas, que prefirieron un desayuno lento antes que estar a tiempo a la hora del debate, también han puesto su cuota.
Y el Apra, convertida en maquinaria presidencial y despojada de toda entidad partidaria, ha hecho lo suyo.
Al momento de escribir estas líneas ignoro, como todo el Perú, cuántos civiles han sido asesinados por las fuerzas del orden y cuántos cadáveres han sido ocultados o quemados al amparo del toque de queda.
Lo que sí sé es que once policías han caído cumpliendo la orden de despejar una carretera tomada hace demasiados días.
Y a mí que no me vengan con que hay muertes desdeñables ni cadáveres de segunda clase. Esos once policías son funcionarios públicos que han sido asesinados. Y lo lamento y esas muertes me duelen.
Pero el paro de la selva, desatendido por el gobierno, era y es un paro político. Y en la selva los llamados “indígenas” –los que estuvieron antes que nosotros, cuando el Perú era una inmensa arboleda y algunos puñados de cazadores- están hartos de Lima, del gobierno, del Estado, de la autoridad.
Nada justifica el asesinato de los policías. Pero nada atenúa la responsabilidad de Alan García de haber dado la orden de “limpiar el puente y la carretera” justo 24 horas después de que el Congreso, sometido a sus órdenes, se burlara de la selva postergando el debate del decreto de urgencia 1090.
Quiso el Congreso, en provocación extrema, que el decreto 1090, ya señalado como inconstitucional por la propia Comisión de Constitución, no fuese derogado, como correspondía, sino derivado a la agenda de la Mesa del Diálogo. Y la Mesa del Diálogo había dejado de existir.
De modo que esa burla se convirtió en furia amazónica, en clamor exacerbado y en grito de guerra. Yehude Simon, a pesar de su aciago papel, no puede cargar con todas las culpas. El responsable de esta tragedia se llama Alan García.
Es el mismo Alan García fuera de sí que alguna vez ordenó la matanza de los penales. El mismo Alan García que traicionó en paquete sus promesas electorales y gobernó sentándose a la diestra de Lourdes Flores.
Pedir la renuncia de Yehude Simon es fácil. Responsabilizar únicamente a Mercedes Cabanillas es un gesto insuficiente y radicalmente injusto. Quien exigió que la autoridad se impusiese acribillando a quien fuera necesario es Alan García. Y la primicia la dio el diario “Correo” hace unos días. En efecto, en su sección de datos breves “Correo”, informado sin duda desde Palacio, festejó el hecho de que, en una sesión de gabinete, la ministra Cabanillas fuera amonestada “casi a gritos” por su “debilidad” en el caso del paro selvático.
Muy bien. Lo que se llamaba, desde la impaciencia presidencial, “debilidad” era prudencia y humanidad. Lo que García ha vuelto a imponer es su estilo. Su ensangrentado estilo.
La ministra Cabanillas debería renunciar. Yehude Simon debería apartarse. García tendría que quedarse con sus incondicionales.
Azuzar a la población es irresponsable y, en el fondo, criminal. Si la oposición existiese de un modo menos inorgánico, tendría que apostar por la derogatoria inmediata de los decretos venales de García, la restauración del diálogo y la demanda del enjuiciamiento de todos –repito: de todos- los culpables.
En la historia de la injusticia peruana, ¿a cuántos lutos nos someteremos antes de admitir que cuando el orden significa matanza y desvarío es que el orden no vale la pena? ¿No ha escuchado García la frase aquella de que la nobleza consiste en tener la fuerza para no tener que emplearla?

García, a sangre fría
por César Lévano
Alan García ha vuelto a manchar de sangre sus manos, esas manos que ordenaron la matanza de El Frontón y firmaron en su actual período el decreto que permite a las fuerzas del orden abrir fuego contra civiles y les garantiza impunidad.Yehude Simon, el secuaz, reveló ayer, en conferencia de prensa, el origen de la tragedia: “Teníamos que imponer el orden y la disciplina”, dijo. Mercedes Cabanillas lo confirmó a Canal N: “Era necesario restablecer el orden”.
Periodistas enviados a Bagua establecen este cronograma: primero, algunos policías emboscan y disparan contra rebeldes; luego, algunos nativos arrojan sus lanzas contra aquellos, y los matan. Después se apoderan de las armas de los caídos y con ellas contraatacan.
Es evidente que la orden de emplear la violencia contra el pueblo amazónico provino de Palacio, con la complicidad de Yehude Simon, presidente del Consejo de Ministros, y de Mercedes Cabanillas, ministra del Interior.
A Simon, en días en que era propagandista furioso del MRTA, no le tembló la mano cuando, en una sesión documentada, condenó a muerte a un militante que había llegado a la conclusión de que la lucha del pueblo no iba por la ruta de las armas.
Ahora, Simon, convencido de que el poder no nace del fusil, cree que el fusil nace del poder y que el poder lo puede todo.
En el conflicto hay un problema de fondo: los Decretos Legislativos que, con el fin de aplicar el TLC con Estados Unidos, pisotean intereses del país y de los nativos de la selva.
El ministro del Medio Ambiente se desgañita repitiendo que los nativos pueden ser dueños de tierra superficial, pero no del subsuelo, que es de todos los peruanos.
Pero es evidente que la actividad petrolera puede afectar la propiedad y la vida de los nativos, sobre todo si envenena ríos y arrasa suelos.
Puede, decimos, en un régimen entreguista y corrupto como el actual, bajo el cual se concede todo, sin condiciones, a las transnacionales.
Sabido es que la gran minería y las empresas de hidrocarburos aplican en sus países de origen tecnologías que preservan al máximo el medio ambiente y la biodiversidad. Acá, algunas empresas concesionarias de la selva se declaran dispuestas a negociar con los nativos.
Frente a la matanza desatada por orden de Alan García hay que decir con claridad: estamos gobernados por políticos que no calculan las consecuencias de sus actos.
La selva no es un pueblo joven indefenso. Tampoco es el campo de maniobra de un manípulo de agitadores. Es una región abandonada por siglos, despreciada por las maniobras criollas del Congreso y que no se va a rendir mediante balazos, represión de sus líderes o prisión de Alberto Pizango, dirigente reconocido y admirado por los amazónicos y todo el pueblo.
La selva es inmensa y allí todas las armas resultan cortas.

Que verguenza ajena siento cuando escucho a los parlamentarios oficialistas hacer desesperados Y LAMENTABLES hincapies en la muerte de los miembros de la policía nacional y obviar -miserablemente- el deceso de pobladores civiles. Con o sin uniforme, la sangre derramada tiene la naciónalidad peruana y no debemos olvidarla ni pasar la página con facilidad para que estos hechos NUNCA MAS vuelvan a repetirse. Estamos de acuerdo con la necesidad de inversión que tiene este país pero urge que la misma sea fiscalizada y controlada para que no veamos otro Cerro de Pasco en medio de la selva peruana. ¿Tiene este gobierno la confianza del pueblo para concesionar la selva cuando todos sospechamos sus muy obvios arreglos bajo la mesa? No. Porque mas alla de sus escasos aciertos reinan los incumplimientos de las promesas electorales, la cleptocratica formación de sus funcionarios públicos, el obscuro pasado de Alan García, a quien además corretean los fantasmas de los crimenes de lesa humanidad de su primer gobierno. Lo de ayer regresará también a pedirle cuentas porque la orden directa de esta masacre partió de su decisión de seguir jugando a pared con los tagarotes locales, deseosos de hacerse de la selva porque el negocio de la compra de tierra y agua, y de las riquezas naturales ya ha sido explicado largamento por intelectuales de prestigio como Ignacio Ramonet (*) Desde aqui nuestro más sentido pésame a los familiares de TODAS LAS VICTIMAS MORTALES de este nuevo y fatídico cinco de abril. La cósmica confusión de una fecha que siempre marca nuestro terrible destino.

(*) Neocolonialismo Agrario 05-02-09 en Le Monde Diplomatique

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martes, 2 de junio de 2009

ASALTO AL CANAL DE LA MANCHA




Un canalazo
por César Hildebrandt

García no necesita arrebatar licencias ni cancelar concesiones. Le basta la falta de escrúpulos y la Sunat, su banda de saqueadores propia, para hacerse con un canal de televisión.
El operativo de ayer ha sido al más puro estilo chavista. Veremos si el gran novelista que se enfrenta al protodictador boliviariano dice algo al respecto.
Examinemos el asunto. Hace años que Panamericana Televisión, con Genaro a la cabeza, le debía a la Sunat decenas de millones de soles. He sido de los pocos que, tercamente, ha exhibido, en la TV y en cuanto foro me ha tocado hablar, los documentos respectivos.
Genaro debía y debía y la Sunat no cobraba. No cobraba porque no tenía la orden de García. Y porque Panamericana era el bazar noticioso del Apra y la megafonía de ese silencio que al gobierno aprista le agrada tanto.
La Sunat ha podido embargar a Genaro hace cuatro años, cuando su deuda ya sobrepasaba los 40 millones de soles. O en enero del 2009, cuando ya estaba en los 104 millones.
Pero no lo hacía porque Genaro seguía “ganando” en ese poder judicial en el que se movía como piraña en agua sucia. Cautelar tras cautelar, juez tras juez, volando del cono norte a una sala civil previamente aceitada, Genaro producía amparos como si fueran telenovelas de clase B.
Y por eso es que la Sunat no lo embargaba. Porque si lo embargaba, lo quebraba. Y el asunto era que Genaro tenía que seguir administrando el Canal 5. Porque con él y con su rabo de paja kilométrico, García se aseguraba un contenido piadoso, mentiroso o resbaloso (marque usted la X).
¿Por qué ha esperado la Sunat hasta el lunes 1 de junio del 2009?
Porque el viernes 29 de mayo, el decimo-segundo juzgado civil había terminado con la administración de Genaro Delgado Parker. Y era inminente el retorno a la situación previa al 2003, el año en el que Genaro, alegando que el Canal estaba en manos corruptas, entró al Canal para “administrarlo judicialmente”.
Seis años ha durado esa “administración judicial”. Durante este sexenio, Genaro ha quebrado y saqueado la empresa que originalmente fundara. Y ahora, previo trato bajo la mesa, se va tranquilo a su casa. Le deja el Canal a García (o sea a la Sunat) y a los señores Roque Benavides, compañero de pachanga y de impuestos no cobrados, Pablo Cateriano, lobista de almas tomar, y Alberto Cabello, de quien podría decirse, robándole palabras a Vallejo, que es lóbrego mamífero y se peina.
Los tres, juntos y revueltos en el caldo de Sunat que se ha cocinado en Palacio, son el nuevo banquete de García. Con ellos está virtualmente garantizado el retorno, por lo más empinado de sus altas cualidades, de Chichi Valenzuela, archiamiga de Roque Benavides y publicista del presidente de la República.
Lo más grave de todo esto es que el zarpazo de ayer invade los fueros del poder judicial y se interpone, de un modo legicida, en medio de un proceso que ha durado seis largos años y había sido resuelto nada menos que en la Corte Suprema.
Si García amase la ley podía haber esperado el cese de la gestión de Delgado Parker, la transferencia en orden a la administración señalada por los jueces y, luego, la intervención de la Sunat. Eso habría sido burdo y apenas legal. Lo de ayer ha sido chusco y repulsivo.
La pregunta es ahora por qué la Sunat no embarga y administra a Frecuencia Latina, que le debe 54 millones de soles que se niega a pagar desde hace más de cinco años.
No lo hará porque Frecuencia Latina ya está alineada con el fujimorismo, aliado penal de García. Y porque esto no es un asunto de impuestos sino de conveniencia política.
Conozco muy bien al flamante administrador Alberto Cabello. Fue el gerente que me dijo, en su oficina de Canal 2, que me rescindían el contrato por no “estar afiatado” con el resto de los programas periodísticos de la emisora. Y sólo porque me negué a la idea de integrarme al coro ultraconservador que, en enero del 2006, empezaba a ser unánime en la televisión “del sistema”.
Cabello es un operador eficaz de quien sea. En este caso, para pena de su biografía, lo será de Nava y Chirito, de García y de Nores, de Cornejo y de Kouri, de Ventanilla y los Rodríguez Banda.
Cuando América TV entró en insolvencia y se sometió a un proceso concursal, también le debía millones de soles a la SUNAT. Fueron, sin embargo, los diarios “El Comercio” y “La República” los que se hicieron dueños del canal. En el peor de los casos, esa habría sido una salida bastante menos mafiosa que la elegida por García.
Y si el apellido Schutz está manchado –y lo está- y no era dable que Panamericana pasara de Carita a Tirifilo, ¿por qué entonces el gobierno de García no licitó esa licencia? ¿Por qué no se la retiró a Genaro, visitador de Montesinos y solicitante de favores en la salita del SIN?
Quizá no lo hizo porque nadie podía garantizar, ciento por ciento, a qué manos iría a parar Canal 5 tras una puja limpia y convenientemente supervisada por algún organismo neutral.
Si los Schutz no huelen a rosas sino a maletín de deportes y a avaricia sudada y a suizo bamba, ¿a qué huele lo perpetrado ayer?
Huele a García. Recordando a Tennessee Williams: huele a mendacidad. A fajo metido en el sobaco. Huele otra vez a “canalazo” comprado entre sombras.
Lo acontecido ayer nos muestra también -en buen cristiano- la gran y silenciosa echada nacional que ha tomado el robo legal de Panamericana Televisión con la tranquilidad y simpatía del que recibe por debajo de la mesa su buena menestra y que puede mandarnos fruta podrida con la bendición de la nueva cleptocracia.
¿Nadie va a decir nada? ¿nadie va a protestar por esta criolla achavistada del régimen? ¿dónde están los defensores de la libertad de expresión? ¿por dónde andan los intelectuales liberales que visitaron Caracas?
Los descubrimos, otra vez, con los pantalones abajo. Y es que sólo son los domésticos, las fámulas, el personal de servicio del Tobi y sus nuevos allegados del momento, capitaneados para la ocasión por la Bella Holandesa y dos lobas de cuidado el garca de Pablito Cateriano (¿el locutor del doc?) y Albertito"línea editorial a la orden previo paganini" Cabello, ex player machetero del alicaído team del colchonero
Me temo que el espiritu reeleccionista de Alvaro Uribe ronda las intenciones de quienes buscan el remate del país.
Y si lo del abuelito chinguenguenchón de Don Genaro (to say Yenaro) no nos gustaba y la de los Schultz no nos entusiasmaba un ápice, este trío (y otros) medio benetón, no huele, hiede a jugarreta de familia Soprano (o Soaprano).
Propongo que la licencia y los bienes de este canal expropiado pasen a manos de sus trabajadores, quienes podrían hacer una empresa realmente diferente.
¿No sería lindo ver alguna vez en la vida un poco de justicia social en este país?
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martes, 12 de mayo de 2009

EL VIRUS DE LA MODERNIDAD







Alabanza del libro
por César Hildebrandt
Hay un ingenio electrónico que por ahora se llama Amazon Kindle 2 y que pretende ser la página de un libro.
De libro, nada. Es un estuche helado que te venden con una biblioteca “clásica” incorporada: 1,500 libros que algún angloparlante trepador habrá considerado “imprescindibles”, pero donde no estarán los libros ermitaños que descubriste en una librería de viejo, los libros infames que compraste para enriquecer tu lado oscuro, las cartas de aquel inquisidor portugués, el diario de Gide, el mamotreto de Francisco Delicado, el Cinema de los Sentidos Puros, las elegías inventadas de Xavier Abril, la Historia de la Nada, de Givone.
O sea que te venden la biblioteca que no escogiste, del mismo modo que compraste la casa que no ideaste y de la misma manera que toleras la televisión que no imaginabas o el gobierno por el que no votaste.
¿Y a eso le llaman progreso?
Pues ya me verán, escopeta en mano, mismo “Unabomber” de la lectura táctil, defendiendo los fueros de la arbitrariedad, la soberanía, el individuo y el derecho de escoger.
¿Así que me venden un aparato que finge ser un libro y una biblioteca que aspira a que la adopte?
¿Y todo para leer a Nabokov en una pantalla de cristal líquido, de modo que no puedo subrayar, con el lápiz que me dé la gana, aquello del “cetro del amor”?
¿Así que la civilización consiste en dejar al viejo herrero Gutenberg y permitir que cualquier Bill Gates me diga qué y cómo leo?
¿Así que en vez del sonido del paso de las páginas el parpadeo de la pantalla?
Uno de los pocos sueños que he podido realizar ha sido este modesto sueño de vivir entre libros. Mi casa es una librería con baños, un dormitorio amenazado por los libros, un mundo de papel.
Los libros han significado para mí la multitud de la que siempre huí, las conversaciones en las que no quise estar, los consejos que desdeñé, la sabiduría que quise beber en soledad, los personajes que habría querido ser, las palabras que no se me ocurrieron, los viajes que me perdí, las miserias que me sonaron cerca.
Victor Hugo escribió que algunos tienen bibliotecas así como un eunuco puede tener un harén. Puedo jurar por el Dios del que dudo (y que sé que no nos ama) que ese no es mi caso. No diré que he leído todo lo que tengo. Sí puedo decir que todo lo que tengo (que es muy poco) se lo debo a lo que he leído.
Un libro no es sólo el placer de la lectura. Es también textura, luminosidad del papel, belleza de la tipografía, sabiduría de los márgenes.
Y es, sobre todo, vida orgánica. Es decir, capacidad de envejecer.
Un Amazon Kindle 2 podrá no lucir flamante pero no puede envejecer.
Será constantemente superado por nuevas tecnologías de almacenamiento, pero jamás se amarillará. Hay libros que se han gastado conmigo. Tienen en sus portadas y en sus páginas huellas de divorcios y mudanzas, heridas de gotera, despatarramientos y hasta desencuadernamientos por haberme quedado dormido sobre sus lomos.
Con sus achaques, sus páginas dobladas en las puntas, su humedad y sus ácaros me recuerdan el tiempo transcurrido. Son un reloj coral, testigos ciegos.
Dicen que, en el futuro, 3,500 libros podrán caber en la memoria de uno de esos aparatos novedosos. No lo dudo.
Pienso que eso será perfecto para el minimalismo de lo que vendrá: departamentos estilo Tokio, colmenas-nichos, breves ataúdes surgidos de la falta de agua y la superpoblación.
En ese mañana que ojalá no se cumpla sí será bueno que la biblioteca de un lector repose en la mesa de noche, junto al despertador.
Mientras tanto, nada como los libros.
¿Que la industria editorial vive de la pulpa del papel y ésta viene de los diezmados bosques?
Bueno, los libros no tienen la culpa de que la industria editorial publique, con cada vez más entusiasmo, toneladas de estupideces.
Y, además, en estos tiempos de reciclaje el argumento de los bosques tiende a ser menos dramático.
En todo caso, hace miles de años unos simios ambiciosos y laríngeos bajaron de los árboles para empezar la aventura de ser hombres.
No lo fueron primitivamente hasta que no domesticaron algunos cultivos.
No lo hubieran sido más tarde de no haber inventado la escritura y el modo de reproducirla.
El viaje fue de los bosques al libro, al puerto de los libros.
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jueves, 30 de abril de 2009

HONOR AL CHANCHO




Planeta porcino
por César Hildebrandt

Había una vez un planeta donde vivían miles de millones de seres que solían odiarse a la distancia (agitando banderas) y que muchas veces se odiaban estando cerca uno del otro (agitando brazos y voces).
En ese planeta en el que el hielo de los polos se disolvía cada minuto y los bosques desaparecían talados o carbonizados, en ese extraño planeta intoxicado por los relaves de la minería y amargado por las injusticias, un día salió, supuestamente desde las porquerizas de California, un virus más inteligente que los otros, una diminuta sagacidad asesina que producía lo que la prensa, en un vano y nuevo intento de calumniar a los cerdos, llamó “la gripe porcina”.
A pesar de que los seres que habitaban ese planeta se sentían dioses cuando manipulaban genes y más dioses cuando pasaban las características de un animal a una planta, la aparición de ese virus mutado y sin nombre asustó a todos grandemente. Hasta la Organización Mundial de la Salud declaró un estado de alarma previo al nivel máximo, mientras en todas partes se cerraban aeropuertos, restaurantes, salas de baile, y el uso de una mascarilla sobre la boca y la nariz empezó a ser común.
Una niña muy inteligente –y ya es sabido que no hay nada más inteligente que una niña inteligente- le preguntó, sin embargo, a su padre:-¿Por qué tanta alarma por un virus que sólo ha matado a unas pocas decenas cuando todavía, cada año, mueren once millones de niños menores de cinco años a causa de enfermedades que podrían evitarse?
Su padre la miró con relativa sorpresa. Y digo relativa porque esa niña, de vez en cuando, tenía algunas salidas de ese tipo y dejaba a los adultos callados y pensando qué responder.
-Es que una cosa es la muerte que sucede como una cosa natural y otra cosa es una epidemia –desatinó el padre.
-Pero no es natural que once millones de niños que podrían no morirse se mueran porque están pobres o porque sus padres no tienen a un médico donde llevarlos –arremetió la niña.
-No es natural, pero, como sucede todos los años, ya no es una noticia que pueda alarmar a nadie –siguió derrapando el papá.
-Pero a los niños sí nos alarma que once millones de niños se mueran porque son pobres –insistió la niña.
-Bueno, pero nadie puede saber cuántos pueden morir con esta epidemia de fiebre porcina –se defendió el padre.
-De repente son un montón. Yo no sé cuántos serán y tú tampoco me puedes decir de cuántas muertes estaremos hablando. Lo que digo es otra cosa:
¿Por qué todos los noticieros y todos los periódicos hablan de lo que puede hacernos la fiebre porcina y nadie habla de los once millones de niños que se mueren cada año de enfermedades que habrían podido evitarse?
Once millones de niños muertos cada año son más de 30,000 niños muertos cada 24 horas, papá.
¿No te parece que eso es también una noticia? ¿Sabías que en Sierra Leona, de cada cien niños, 28 se mueren de enfermedades como el sarampión?
El padre la miró y respiró profundamente.-¿Ahora sí puedo apagar la luz, ahora sí te puedes dormir? –preguntó.
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domingo, 26 de abril de 2009

ESAS MALDITAS DIFERENCIAS



La República de Lima
por César Hildebrandt

El problema, al final, no es cuántas faltas de ortografía se cometan. El problema es cuántos crímenes se toleran.Y la prensa derechista en el Perú ha instigado asesinatos y ha celebrado masacres y ha abierto botellas de champán cuando algún Odría ha puesto “las cosas en su sitio” a patadas y algún Cayo Mierda se ha vuelto a hacer con el poder.
La prensa derechista es, además, esencialmente inculta. Porque representa a una clase que ha preferido fiestear antes que estudiar y saquear y explotar antes que sofisticarse. Y coquearse en un casino de Las Vegas antes que ir a la galería de los Uffizi a ver “La virgen de las arpías” de Andrea del Sarto.
¿Cuántas veces el “Correo” de los hermanos Agois –evasores sistemáticos e impunes de millones en impuestos- criticó el castellano zarrapastroso de Alberto Fujimori? ¡Nunca! ¡Ni con el pétalo de una papeleta lexicográfica! ¿Y por qué?
Porque en relación a Fujimori no importaba cuánto maltrataba el idioma ni qué concordancias se salteaba ni qué plurales se comía ni cuántas veces decía “perguano” en vez de peruano. Lo que importaba es a cuánto ponía la carne de cholo. Y la puso muy barata. Para los Agois y sus amigotes.
¿Sánchez Cerro fue, académicamente hablando, casi una mula?
Sí. Lo fue. ¿Acaso algún periodista encopetado lo insinuó siquiera? El asunto es que Sánchez Cerro hizo bien su trabajo: matar apristas y calmar el avispero.
¿Y no es que Odría prescindía de la servilleta y a veces prefería la manga del uniforme para limpiarse la boca? Yes, sir. Pero Odría también hizo bien su tarea, que era la de matar apristas (mucho menos que Sánchez Cerro, es cierto) y poner en vereda a los de abajo.
No hablar bien ni escribir con propiedad el castellano es un drama. Pero tiene atenuantes si se piensa que este es un país que ha tratado de matar su cultura original y que ha condenado al analfabetismo (real o funcional) a muchos pobladores rurales. ¿Es que Hilaria Supa olvidó la educación recibida? ¿Es que escapaba de clases y se desescolarizó a solas? ¿Es que flojeaba viendo la tele?
La pregunta malévola viene de lejos: ¿Qué hace una semianalfabeta en castellano en el Congreso?
Pues, precisamente, representa a los millones de peruanos que, como ella, fueron declarados inexistentes por la República de Lima.Lima siempre ha querido blanquearse. Y una de las maneras de blanquearse ha sido avergonzar a quienes no hablan el español standard que se habla entre las señoras de los balnearios del sur. Porque Lima es tan estúpida que cree que, echándole cal viva a los orígenes, sentirá a Europa más cerca y a España más materna.Y si la República de Lima niega el mestizaje (aunque suspira por la fusión de Gastón Acurio), con más saña negará a los que nos recuerdan que alguna vez fuimos la indiada primordial, el joven imperio donde el runasimi era el idioma propagado oficialmente.
Matar simbólicamente a Hilaria Supa es volver a negarnos y repetir aquel país canalla que a los indígenas les cobraba tributos sólo por el hecho de serlos. Porque en la República de Lima, José María Arguedas tuvo que comer en la cocina, junto a la servidumbre aindiada como él, y a los comuneros de Rancas les dieron plomo por encargo de los de la Cerro de Pasco Corporation, de igual modo que plomo es lo que hoy reciben los niños de La Oroya, por encargo de esa Doe Run que ni el Pama cumple y que se burla en inglés de las autoridades.Y plomo de los máuseres salía en las novelas de Ciro Alegría. Y plomo de la prensa conservadora salió siempre para quienes se atrevieron a proponer nuevos rumbos.Hilaria Supa es bárbara en castellano. ¿Y qué? Pero es fluida en quechua y eso de nada le sirve. Y quienes la denigran no hablan quechua (ni lo intentarían), pero eso resulta irrelevante. Porque en la República de Lima se insulta en castellano a quien sólo puede defenderse en quechua.Y se puede ser ignorante en castellano y sabio de otras mil maneras. Y se puede ser brillante en castellano y asaz abusiva en otras prácticas. En el respeto por las normas democráticas, por ejemplo. De eso puede hablar, con especial énfasis, mi contradicha media hermana, doña Martha Hildebrandt.Y si la democracia es respeto por las minorías, el diario de los Agois ha demostrado no tener respeto por esa minoría quechuahablante. Minoría lograda –recordemos- a punto de exterminio y potosíes, minoría obtenida con arcabuces, primero, y máuseres, después.Ingenuos somos. Si la derecha peruana no respetó a las mayorías (cuando éstas impusieron electoralmente a Haya de la Torre, por ejemplo), ¿por qué habría de ser delicada con las minorías? Ingenuos y olvidadizos.
En “Canto general”, un libro que deberían leer los jóvenes baboseados por ese sistema que los ha convertido en decorativos, Pablo Neruda habla de esa América primera y prehispánica:“Antes de la peluca y la casacafueron los ríos, ríos arteriales:fueron las cordilleras en cuya onda raídael cóndor o la nieve parecían inmóviles...
”Y cuando Neruda trata el tema de la conquista española lo hace, como no podía ser de otra manera, desde la perspectiva dolida de los suprimidos:
“En Panamá se unieron los demonios...Primero llegó Almagro antiguo y tuerto,Pizarro, el mayoral porcinoy el fraile Luque, canónigo entendidoen tinieblas...”El gran poeta que le cantó al amor (a todos los amores) abrevia la conquista del Perú en una sola frase compasiva:“...La noche ha descendidosobre el Perú como una brasa negra”.Y en relación a la América entera, su patria ancha, Neruda narra de esta manera burlona el proceso brutal de la hispanización:
“Después vinieron a poblar la herenciausureros de Euzkadi, nietosde Loyola. Desde la cordillerahasta el océanodividieron con árboles y cuerposla sombra recostada del planeta.
Las encomiendas sobre la tierrasacudida, herida, incendiada,el reparto de selva y aguaen los bolsillos, los Errázuriz que llegan con su escudo de armas:un látigo y una alpargata”.
Porque así fueron las cosas y así se maldijeron las costumbres y se destruyeron los idiomas y se evangelizó cuchillo en mano y con el oro en las alforjas. Y porque los que hoy se sienten por encima de todo olvidan que también vienen, en efecto, de olas de hambreados, aventureros y asesinos. Olvidan la alpargata.
Hablar relativamente bien el castellano standard no es una hazaña para quien tuvo educación. Escribirlo más o menos bien es un don que poco tiene que ver con el esfuerzo y sí con el destino.Yo no me siento más por el castellano que me tocó tocar. Si algún mérito habré de reclamar será, en todo caso, el de no haber abandonado jamás mi rebeldía, la capacidad de indignarme, mi simpatía irrenunciable por los débiles. Eso no me hace mejor. Me permite vivir, sencillamente.
Buen artículo que nos devuelve al tema: ¿ Cómo nos integramos de una vez ?
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jueves, 23 de abril de 2009

DANZAS FENICIAS





“El Comercio” por dentro
por César Hildebrandt

Leo un artículo de Ricardo Uceda que intenta pintarnos a un Alejandro Miró Quesada Cisneros arcangélico y me viene un ataque de risa.
Hace tiempo que Ricardo se cree parte de las cúpulas del gran poder y eso me causa más gracia todavía. Lo que no sabe Uceda es que su actual consideración por quienes cortan el jamón no es del todo recíproca. Hay quienes no olvidan que este muy ingenioso provinciano fue redactor del semanario “Unidad”, órgano oficial del Partido Comunista (casa matriz: Moscú, al costado de la Lubianka).
En fin, de don Alejo Miró Quesada Cisneros hablaba a propósito de la crónica hagiográfica del buen Uceda.
Recordé de inmediato que en Internet ha circulado, desde hace algún tiempo, un texto testimonial de Orazio Potestá, un periodista de investigación que ha trabajado en “Correo”, “Caretas” y, precisamente, en la Unidad de Investigación de “El Comercio” en los tiempos de Miró Quesada Cisneros.
Potestá dice en su blog que una vez un editor del diario más viejo del Perú le dijo que no publicaría una investigación sobre Roberto Chiabra, ministro de Defensa del régimen toledista, porque la supuesta coima de la que trataba el texto ascendía “sólo a doce mil dólares”.
Potestá lo cuenta exactamente así:
Editor: ¿De cuánto es tu coima?Potestá: Doce mil dólares.
Editor: No, pues, muy poco...
Potestá: ¿?Editor: Muy poco porque una página del domingo “me cuesta” 25 mil dólares.
Potestá: ¡Dios! ¿Y eso qué tiene que ver?
Al final, dice Potestá, la nota salió machacada, “con inofensivos titulares y las versiones de los testigos y peritos fueron recortadas”.
El periodista relata luego que se dedicó a investigar a la mafia narco de Tijuana en Paita.
“Me centré en un general del Ejército que era considerado como un héroe por muchos militares...Ese alto oficial se encontraba vinculado con el narcotráfico y las autoridades judiciales le habían rastreado una cuenta bancaria con varios cientos de miles de dólares en Gran Caymán”, apunta Potestá.
Pero en seguida añade:
“Mis pesquisas fueron paralizadas. Mis informes eran “levantados” a medianoche, pese a haberlos dejado diagramados y sacramentados y con el visto bueno de los jefes. Ello empezó a ocurrir luego de una serie de reuniones que ese editor sostuvo (a mis espaldas) con ese general del Ejército. Yo me enteré de ello gracias a mis buenos amigos de la DEA”.
Ese editor sería, según nuestra propia indagación, Juan Paredes Castro, valido de Miró Quesada Cisneros y actual intérprete de Miró Quesada Rada.
Se trata del mismo personaje que, poco tiempo después, le enviaría a Potestá un iracundo correo electrónico pidiéndole explicaciones y exigiéndole pruebas respecto de un informe en el que el periodista había recogido el clima antiminero de Áncash, producto de tanta contaminación.
“Me pedía “explicaciones” por haber difamado a una empresa minera que no hacía otra cosa que brindar desarrollo y trabajo a los peruanos”, cuenta Potestá. Y lo peor es que lo hacía a partir del mail de una empresa minera específica que intentaba desmentir el informe y sostener la inocuidad de sus operaciones.
Ese editor, según Potestá, era conocido “por haber sostenido numerosas y secretas reuniones con Alberto Fujimori en Palacio de Gobierno, siempre a medianoche”.
Cuando Potestá esperaba lo peor, un jefe de sección le explicó la situación:
“Tranquilo. Me he enterado de que lo llevan a su tierra en avioneta. No le malogres esa gollería”.
Potestá tiene el coraje de admitir que, después de contestarle al editor y de ofrecerle su renuncia si en su informe se hallaba una inexactitud, no hizo nada más:
“Yo me tragué el sapo. Y el editor prosiguió con sus cómodos viajes en avioneta”.
En el relato de Potestá lo que viene es tan vergonzoso que parece extraído de una mala novela hiperrealista.
Cuenta que, faltando pocos días para las elecciones del 2006, una jefa de sección le tiró en el escritorio un manojo de papeles.
-Es una bomba de aquellas. Te harás famoso –dijo ella.
Se trataba de hacer creer a la opinión pública de que un “comando paramilitar de Patria Roja, azuzado por Ollanta Humala, iba a matar a Alan García en caso de que ganase las elecciones...
”Potestá descubrió en un dos por tres que era una de las imbecilidades más ruines que alguien hubiese podido imaginar. Sólo a policías fronterizos, como el famoso Max de la Dircote, y a periodistas que hablan solas, como la pobre Chichi, se les podía ocurrir que aquella patraña tenía algo de cierta.
Potestá descubrió que el supuesto comando de aniquilamiento estaba integrado, entre otros, por un borracho, un gordo de 100 kilos, un militante septuagenario y con muletas y una chica embarazada de siete meses.
Mientras la jefa insistía, Potestá trataba de convencerla de que esa mentira podía hacerle daño al diario, al país, al concepto mismo del quehacer periodístico. Pero la jefa insistía obsesivamente diciendo que su fuente estrella le había prometido muchas más cosas y todas las primicias que se quisiera con tal de que el domingo previo a las elecciones saliera ese informe. Entonces Potestá no se contuvo más y le disparó esta pregunta:
-¿Es el pata que te va a buscar a la medianoche para invitarte pisco-souers en el Country Club?La jefa colgó el teléfono abruptamente.
Allí sí que Potestá logró su cometido. La jefa, que antes parecía estar tan personalmente interesada en su futuro, lo odió prolijamente, pero el informe no se publicó.
No tendría la misma suerte con otro caso que casi vino a continuación. Las fuentes de la DEA le mostraron a Potestá documentos que demostraban que Lupe Zevallos, hermana de Fernando Zevallos, había sufrido el embargo de una cuenta bancaria panameña ascendiente a ocho millones de dólares.
Potestá escribió la nota, se sintió feliz y esperó las felicitaciones del caso.
Hasta que su editor lo llamó y le dijo:
-No sé qué pasa. He notado cosas raras. La nota es redonda, no hay flancos abiertos. Pero el director (Alejandro Miró Quesada Cisneros, nota de C.H.) le está poniendo trabas.
-¿Pero qué dice, concretamente? –preguntó Potestá.
-Dice que el problema es con Fernando Zevallos y no con su hermana. Que no debemos meternos con ella porque su presencia en el caso es circunstancial –dijo el editor.
Potestá prosigue así su relato:“Le expliqué a mi jefe (Fernando Ampuero, nota de C.H.) que eso era ilógico. Que Lupe era prácticamente fundadora de Aerocontinente y que se encontraba relacionada con las finanzas de esa empresa, cuyo vínculo con el tráfico internacional de drogas había sido probado por el poder judicial...
”Potestá siguió argumentando. Su “editor”, no movió una pestaña cuando, días más tarde, le dijo, con todo descaro:
-Olvídate, tu nota nunca saldrá impresa. Algo le pasa al jefe.
Al final, la información la publicó “Caretas”.
Lupe Zevallos salió a defenderse en RPP*. Potestá lo cuenta así:
“Y dijo algo que, sin exagerar, me tumbó al piso. Ella le había regalado decenas de pasajes aéreos de Aerocontinente a la esposa del director que había rechazado mi reportaje. Los boletos de viaje habían sido entregados mientras algunos periodistas se jugaban el pescuezo investigando los pases y negociados del peligroso Lunarejo...
”Potestá fue a visitar a sus fuentes en la embajada de los Estados Unidos:
-Qué papelón he hecho. Qué estúpido he sido. ¿Nadie se salva?
¿Nadie se salva del narcoráfico? –se preguntó Potestá con cierta teatralidad.
Cuenta el periodista que DK, un pelirrojo agente de la DEA, le contestó:
-Confiamos en los periodistas, pero no en los directores, ni en los editores...Menos en los propietarios...-
(*) No sólo lo dijo en RPP. Lo dijo en otras emisoras y también en el programa televisivo que yo dirigía en Canal 2. Por esa razón es que un joven pandillero del gremio, hijo de un todoterreno de la venalidad, se permitió hace poco lanzar insinuaciones que serían más bien atribuibles a su apellido.
Creemos sinceramente que del Decano no podemos esperar muchas muestras (ni siquiera algunas) de decencia y corrección. Es papel en venta. Línea editorial de alquiler. Periodismo de cerviz baja y bolsillo pronto. De Chantaje en ciernes.
Por eso no lo compran ni para envolver pescado. Diario honradísimo, no se vende.
Y pensar que tiene todavía tantas historias por contar...doh!
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jueves, 16 de abril de 2009

EL RESPLANDOR DE LA CRISIS





La crisis está aquí
por César Hildebrandt
Mientras el BCR ha rebajado en un punto la expectativa de crecimiento de la economía peruana hasta llegar a un 4 por ciento para el 2009, el dato del INEI relativo a la parálisis del mes de febrero (0,19% de expansión del PBI) no hace sino confirmar que la crisis está aquí y que nos toca la puerta con la cara de loco de Jack Nicholson en “El Resplandor”.
Si en febrero hemos “crecido” 0,19% es porque el valor de nuestras exportaciones ha caído un 20%.
Sólo en el tema de las barreras arancelarias ecuatorianas, el Perú viene perdiendo 225 millones de dólares.
Y pasar de 3,14% de crecimiento en enero a 0,19% en febrero se llama crisis aquí o en Jamaica. Y eso es algo que el voluntarismo no cura y que la verborrea no alivia.
El sector construcción, que venía creciendo a un ritmo de dos dígitos, lo ha hecho sólo en un 4,73% durante el mes de febrero del 2009.
Tendrá que darse con una piedra en el pecho, sin embargo, porque sigue siendo, junto con el sector agropecuario, un islote privilegiado en un archipiélago de cifras desinfladas. Así, por ejemplo, la minería se ha contraído 2,0%, el sector manufacturero ha decrecido un 7,45% y la pesca se ha desplomado un desastroso, aunque también estacional, 17,62%. Cuidado.
No estamos hablando de cifras disidentes ni de fuentes interesadas en inocularnos pesimismo. Las que aquí reproduzco provienen de un despacho de la agencia estadounidense Associated Press cuyo título reza así: “Crecimiento económico registra frenazo en Perú”. Y lo que ha hecho la agencia es glosar las cifras entregadas ayer por el Instituto Nacional de Estadística e Informática. Lo que nos está golpeando con mayor dureza es la demanda externa, que ha pasado de glamorosa a mediocre y, en algunos casos, de mediocre a deficitaria.
Venezuela y Argentina nos están comprando bastante menos que antes y a esta lista de países remolones en adquirir productos peruanos se ha sumado –oh hada cibernética, cómo te explicas esto- Estados Unidos de América (con TLC y todo).
Si a esto agregamos que la cifra anualizada de la inflación ha llegado, de marzo del 2008 a marzo del 2009, al 4,78 por ciento, tendremos, más o menos completo, un escenario de cuidado.
Hace un mes, en una emisora radial, el muy informado lobista estadounidense PPK dijo que uno de los grandes peligros para economías como la nuestra es, precisamente, la inflación.
Y contó que las máquinas impresoras de billetes de las grandes economías han trabajado sin cesar en estos últimos meses, lo que podría tener un efecto contagioso. Algo más: PPK advirtió que la crisis global recién se notará nítidamente en el Perú a partir del mes de julio. Pues parece que la crisis ya nos dio su cuota inicial.
Y lo que puede venir dependerá de con qué seriedad afrontemos el asunto.
Por eso es que da grima que empresarios exitosos como José Chlimper estén dedicados a gimotear por Fujimori en vez de dedicar todos sus esfuerzos a estimular el mercado interno y a buscar nuevas oportunidades de exportación. Si muchos como Chlimper se sienten viudas desoladas, que le cedan el puesto a quienes podrían plantarle cara a la tormenta perfecta que está por llegar.
(Y a propósito: ¿No será tiempo de pensar en un aumento razonable del paupérrimo salario mínimo?)
Desde esa perspectiva, nada ayudarán la demagogia, el encubrimiento y la mentira. Y eso es lo que ha sucedido con el caso de la minera Doe Run. Hace pocos días voceros del gobierno y de la Sociedad de Minería salieron a decir que el caso estaba solucionado gracias a una inyección de 175 millones de dólares que Doe Run recibiría de fuentes privadas.
“El Estado no ha desembolsado ni un centavo” –dijeron. Y la mayoría aplaudió.
Ya era desagradable que unos particulares peruanos se hicieran cargo de la crisis financiera de una empresa que pertenece a un archimillonario estadounidense, que ha ganado una millonada cuando los precios del cobre y el zinc estaban altos, y que ni siquiera ha cumplido con los 75 millones de dólares del último tramo de su programa ambiental. Bien, la respuesta a esa debilidad política, a esa generosidad auspiciada desde el Estado, llegó ayer.
Doe Run mandó a su casa al 75 por ciento de su personal y dijo que seguiría parada hasta que el ofrecimiento de la ayuda “se hiciese efectivo”. La agencia noticiosa Reuters ha confirmado que la colaboración prometida a Doe Run -75 millones de dólares en crédito revolvente y 100 millones en concentrado mineral- estaba entrampada y sólo podría darse en las próximas semanas.
Vieja experta en el arte de la extorsión, Doe Run exige que le cumplan lo ofrecido. Y tiene una “razón legal” que la asiste.
Y los trabajadores -1,800 en este caso, los que ganarán durante los 30 días de este pre-despido 65 soles diarios- son los que pagan el pato.
Como siempre. Como le gusta a Chlimper. Como le place al fujimorismo empresarial, que nunca tuvo un cholo más barato que con el condenado japonés.
Si con patrañas como la de Doe Run vamos a encarar la crisis, arreglados estamos.
Y lo que es de rogar es que ahora no salga el doctor Alan García a insuflarnos confianza y a darnos una clase magistral de litio. La cosa no está para humoradas.
Tenemos que tener una paciencia celestial para analizar en verdad cuales serán los posibles efectos de la crisis en este país donde reina la mas absoluta informalidad (por eso hay población no afectada de hecho) , donde no existen derechos laborales que nos protejan de posibles despidos (y la gente va a dar a la calle sin liquidación como en el Diario La Primera, con crisis o sin ella), donde todo esta privatizado por empresas que pagan sus impuestos tarde, mal y nunca y donde nuestro subdesarrollo industrial, financiero y comercial parece abrirse sobre nosotros como un manto protector. No hace mal apostar a que nuestro tercermundismo bien podría ser paradojicamente salvador.
Apunten los cerros de plata sucia dando vueltas en el ambiente ideal para todo tipo de lavado y gran promotora de los nuevos ricos del momento. La ocasión la pintan calva y a crisis revuelta, ganancia de inversores.
La paciencia es una buena opción, mas aún cuando todos los economistas, (keynesianos, liberales o chamuyeros), entusiastas apuntadores para el presagio , hoy aciertan y mañana se equivocan. Hay hermanos, muchísimo pan por rebanar.
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