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domingo, 7 de diciembre de 2008

EL PELOTÓN (DOS MIRADAS AL MISMO CHOLO)




El caballo y el general
por César Hildebrandt (*)
Había una vez un general que era un bravo cuando hablaba en privado, un pobre diablo cuando pedía disculpas en público y un chalán lloroso cuando se despedía.Todo eso y mucho más era este general. Fue el único al que se le ocurrió que los desfiles marciales podían ser a paso ligero y con bastones de waripolera. Fue también el único que contaba chistes que no hacían reír y lanzaba amenazas que sí hacían reír y decía, en broma, que buscaba a sus oficiales en las discotecas de ambiente. Fue el único general que podía jactarse de tener galones de alto octanaje y el que se negó siete veces (siete) a acudir a la cita de la señorita Marlene Berrú, que no era un plan sino la fiscal anticorrupción que investiga cómo hicieron en la Región Sur para desaparacer 80,000 galones de combustible sin dejar ni siquiera una manguera de rastro.En el ejército era conocido como “el loco” y en el Larco Herrera lo llamaban “el general”.La verdad es que el personaje era una clara demostración de que en las Fuerzas Armadas peruanas hace tiempo que la calificación y los ascensos no pasan por el despistaje psiquiátrico, la sonda probatoria y la tomografía axial del cráneo.En su defensa, algunos han dicho que más que loco parecía un lelo con mucho de angelical (a pesar de la inmodestia terrenal que exhibía), pero es comprensible que esa defensa, digna de escuderos desentrenados, haya sido rechazada por el general en cuestión.El asunto es que el día de su despedida, que él imaginó apoteósica, estuvo precedido por los malos presagios y las entrañas leídas con aire sombrío. En el cuartel Hoyos Rubio, del Rímac, luego de pronunciados los discursos, corridas las lágrimas y estallados los aplausos, estalló un viejo tanque T-55 que terminó matando a un tanquista. Y no, no fue el homenaje inmolatorio que el general quizá pudo imaginar: fue la batería recalentada de un armatoste que hacía tiempo no salía de su cobertizo y que sólo salió para desfilar en honor del que se estaba yendo. Así, en ese estado de precariedad explosiva, están los tanques rusos que garantizan, al contrario de lo que dijo el general, que ningún invasor saldrá en cajón o en bolsa. Si invasores hubiese, todos saldrían, más bien, en estatuto de impunidad. El Perú es el único país que ha decretado un desarme unilateral de cara al vecino más armado de América. ¡Somos Costa Rica por razones de presupuesto!No hubo hazañas militares en la vida del general. Hubo, eso sí, una hazaña de Records World Guinness: haber producido, a nombre del ejército peruano y en compañía de la universidad Alas Peruanas, esa película titulada “Vidas paralelas”, considerada, junto a “La muerte llega en el segundo show” (guión de Mario Castro Arenas), la peor película peruana (lo que es mucho decir).Alguien que vio “Vidas paralelas” me comentó que era tan maniquea e inverosímil, tan groseramente institucional y propagandística, que las verdaderas vidas paralelas debían ser las de la directora (Rocío Lladó) y el ciempiés en uniforme que le escribió el guión. Me dijo también que si Ed Wood hubiese visto “Vidas paralelas” habría sentido una devoradora envidia.La verdad es que este columnista simpatizó con el general cuando su comandante en jefe, o sea el doctor García, se puso la mayordomía a cuestas y llamó a la señora Bachelet para pedirle disculpas por unas palabras sacadas de contexto y dichas en clave de humor negro y patriotismo inercial.Y seguiría simpatizando con el general si no hubiese visto parte de su caballuna despedida. Ya es mucho escuchar a un general lloriquear. Pero escuchar a un general gimotear, es algo intolerable. Y ver a un general haciendo pucheros, es algo de salir despavorido. Y tener que oír la apología que hizo de sí mismo, es toda una lección. El general demostró tener el ego de un mamut montado sobre la calavera emocional del cuy mágico.Eso no fue lo peor, sin embargo. Lo peor fue ese desfile duplicado, esa ronda del general montado en un caballo de paso amaneradísimo -porque el caballo de paso es, legítimamente, el gay de los equinos-, ese número de circo que quedará para la historia del ridículo.Hubo un momento de confusión y relincho y aplausos de caballería en el que era imposible saber si la segunda pasada ante el respetable la había decidido el general que coqueteaba con la posteridad o el coqueto caballo que lo zarandeaba de modo tan profesional. No era el caballo alado que fue hijo de Medusa y ayudó a liberar a Andrómeda y a matar la Quimera. No era Pegaso. Era una bestia ambigua de amblar torcido llevando a un general ambiguo al que la política espera con los brazos abiertos.

(*) Diario La Primera

La espada azul
por Jorge Bruce (*)

La espada fue la imagen con la que deslindó el general Guibovich las relaciones entre la fuerza armada y el poder civil: “brilla cuando nos dedicamos a lo nuestro y se opaca cuando nos alejamos de ello. Deja de ser un símbolo de honor cuando apunta al corazón de la democracia”. Hay un regusto a Tolkien en la metáfora (en la saga de El Señor de los Anillos, Frodo recibe una espada que se pone azul cuando se acercan los orcos). En el discurso del general no está claro quiénes son los orcos que amenazan a la democracia, pero es alentador que el sucesor del popular pero opaco Donayre se haya comprometido a no volver a aliarse con los engendros de Sauron (¿Fujimori y Montesinos?). Hay esperanza de una gestión más institucional, sin relentes de combustible ni el primitivo recurso demagógico a chita la payasá.
Lo inquietante, fuera del show grotesco del jinete con sus reminiscencias de prócer y el desafiante paseo en hombros, ha sido la alusión a los “soldados acusados y procesados por supuestamente violar los derechos humanos”, diciendo que no están solos y la nación les tiene gratitud. Hay aquí una amalgama que no podemos, bajo ningún pretexto culposo o acomodaticio, dejar pasar. Por el bien del ejército, en primer lugar. Es indispensable distinguir a quienes combatieron y pagaron con el precio de sus vidas o quedaron discapacitados, o bien psíquicamente dañados, de quienes violaron derechos humanos de manera gravísima y reiterada. A los primeros les debemos, en efecto, gratitud, reconocimiento y reparación. Lo cual en muchos casos no se está cumpliendo y la nación está en deuda. Tal como está en deuda con las víctimas de abusos, torturas y asesinatos, desgraciadamente muchas veces en manos de militares, de lo cual hay múltiples evidencias –fosas clandestinas masivas, relatos de violaciones grupales, torturas, asesinatos, etcétera– que hoy se pretende ocultar tras la coartada del combate contra la barbarie de Sendero Luminoso. Siendo tan abrumadora la cantidad de pruebas y testimonios de las atrocidades cometidas en esa época siniestra, con la complicidad soterrada de buena parte del poder civil y la población indiferente, esto ya no debería ser objeto de polémica.
Sin embargo, seguimos entrampados. Un mal entendido espíritu de cuerpo impone una solidaridad sin matices, en donde se entrevera a los soldados que honraron su espada –el símbolo fálico por excelencia–, con quienes la embarraron –en un registro sádico-anal–, actuando las fisuras y desigualdades que marcan con líneas infamantes los remiendos de nuestra sociedad. Los jueces argentinos que tuvieron a cargo los procesos análogos en su país, de paso por Lima, han narrado una metodología consistente en juzgar a un número representativo de los peores casos de violaciones de derechos humanos (unos 800), cometidas bajo la dictadura por los militares. Acaso es lo que estamos haciendo aquí, sin decirlo explícitamente (práctica que lleva el sello nacional). Ojalá que el próximo comandante general ya tenga clara esa diferencia y además recuerde no solo a los militares procesados, sino a las miles de víctimas que nada tuvieron de colaterales, pero a las que seguimos tratando como si lo fueran.

(*) Diario La República

Nada que agregar sobre tan folclórico personaje. Todo esta dicho sobre este General al que hay que reconocer su aporte insuperable para tirarse al piso la maltratada imagen de nuestro alicaído ejército. La explosión del tanque con el trágico accidente de un sub oficial es parte de la pésima gestión del ministro actual, apunta Anterito, apunta ahora que pareces interesarte mucho por el orden de nuestras fuerzas armadas.
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domingo, 30 de noviembre de 2008

NUNCA MAS





Guerra avisada
por Jorge Bruce (*)
El asesinato de cinco policías en la zona de Pumahuasi (ya suman ochenta en los últimos cinco años) debería sacudirnos como una bofetada de esos letargos a los que somos proclives los peruanos. Lo importante es que no se repita lo ocurrido en la guerra contra Sendero Luminoso: caímos en una alucinación negativa –borrado activo de una percepción– colectiva, en particular los habitantes de los centros urbanos más modernos del país. Ante las masacres cotidianas en las zonas altoandinas, reaccionábamos con una indiferencia similar a la que experimentamos cuando nos enteramos de los crímenes en Mumbai. Necesitamos sentir esas muertes como propias, como si fueran las de nuestros familiares: esos uniformados cayeron por defendernos a todos, en lo que el especialista en narcotráfico Jaime Antezana ha llamado “la guerra de la coca”. Lo dijo durante una entrevista que le hice en radio Capital y era claro que no estaba recurriendo a una metáfora, ni al apellido de un periodista para quien la libertad de empresa conculca la de expresión, cuando utilizó la palabra “guerra”. Esta identificación es urgente porque, de lo contrario, estaremos repitiendo el comportamiento que, con esa aparente pasividad que en realidad encubre una insistente pulsión de muerte agazapada, termina avalando el sacrificio y el abandono de compatriotas cuyo destino no nos afecta por esas inequidades que hacen de la nuestra una sociedad tan desvinculada: así se pierden las guerras.
Asimismo, las declaraciones del ministro de Defensa en el Congreso, que critican a quienes levantan la voz para acusar a los militares violadores de derechos humanos, los que supuestamente callan cuando se trata de víctimas de las Fuerzas Armadas, son la peor manera de enfrentar una situación tan grave. En vez de buscar chivos expiatorios –Aprodeh, para nombrar las obsesiones ministeriales– las autoridades deberían asumir el liderazgo que nos una ante una amenaza acaso más terrible que la de Sendero. Después de todo, ese grupo podía causar los daños inmensos que sabemos, pero no infiltrar ni corromper a las élites del país. Cosa que siempre hace el narcotráfico que, para colmo de males, se ha aliado con los remanentes del terrorismo (es como si Sendero trabajara con Montesinos). No solo es ruin y peligroso designar depositarios imaginarios para los afectos de dolor y rabia que engendran pérdidas como esta, es ineficaz. El principal enemigo es el narcoterrorismo. Es contra ellos que debemos indignarnos y defendernos, juntos. Son ellos los asesinos, no las ONG, los sindicatos o algún otro trasnochado fantasma ideológico que distorsiona el juicio y hace perder tiempo valioso. Pero el otro enemigo, me temo, somos nosotros mismos, incapaces de conducirnos como una colectividad organizada en torno a una visión compartida del bien común, lo cual nos hace tanto más vulnerables, en la ruta pavimentada de cadáveres de México o Colombia. Hacia allá vamos.
Permítanme terminar este primer artículo agradeciendo la hospitalidad de este diario y celebrando la aventura extraordinaria que vivimos en Perú.21, cuando Augusto Álvarez Rodrich capitaneaba ese bajel pirata al que bien podría haberse llamado por su bravura El Temible.


(*) Diario la República
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lunes, 3 de noviembre de 2008

VESTIDOS DE MURGA




La regresión de las masas
por Jorge Bruce (*)
El premier Simon ha dicho que se castigará a los culpables de los desmanes ocurridos recientemente, particularmente en Tacna, una ciudad a la que calificó de “muy especial” (lo es simbólicamente, pero el vandalismo es más bien ordinario). Eso va a estar difícil. Si bien la hipótesis de los agitadores infiltrados acude con frecuencia a la mente de autoridades y periodistas –y de hecho no se la puede descartar–, esta no es necesariamente cierta. Es una explicación tentadora pero no rigurosa. La dinámica de la psicología de masas es más compleja que la de unos cuantos encapuchados azuzando las pasiones del grupo, ya enardecido por motivos variados. Puede tratarse de una frustración importante, como en Tacna respecto de la ley del canon minero y la rivalidad –que en psicoanálisis se conoce como el narcisismo de las pequeñas diferencias– con Moquegua. O bien de una intervención policial desastrosa, como en Nueva Cajamarca, donde se procedió al desalojo de un inmueble privado utilizando granadas lacrimógenas. Solo que dicho local colindaba con dos colegios y la intervención se realizó en pleno horario escolar, con lo cual los niños huyeron aterrados y asfixiados, a lo que los padres acudieron angustiados primero, furiosos después. Sin embargo, ni siquiera esta aberrante decisión policial o judicial explica los destrozos, agresiones, ataque a la comisaría y toma de carreteras –siguiendo un guión penosamente familiar– durante el resto del día. En 1929, José Ortega y Gasset publicó La rebelión de las masas. No obstante, su análisis transcurre en un entorno de estabilidad política, seguridad económica y orden público –precisamente lo que nos falta a los peruanos–, produciendo lo que él llama el “hombre-masa”. Este hombre está regido por una convicción interna de que la vida es fácil, sin limitaciones trágicas. Cada individuo medio encuentra en sí una sensación de dominio y triunfo que lo lleva a afirmarse tal cual es, sin escuchar ni sentir el apremio de desarrollarse culturalmente. Entre nosotros, esto se observa entre las élites satisfechas y autocomplacientes, sordas al rumor que surge de abajo, agravando y, en cierta medida, causando el problema que nos desafía como colectividad. Pero, en lo inmediato, a lo que asistimos es a una regresión masiva en los incesantes conflictos sociales que brotan, una y otra vez, en nuestro territorio. De ahí que nos hayamos permitido adulterar el título de su libro más célebre. La defensora del Pueblo, Beatriz Merino, ha señalado que los conflictos se han incrementado en 800 % en los tres años que lleva en el cargo. Nos urgen explicaciones desde diferentes perspectivas para prevenir este crecimiento exponencial. Lo que el psicoanálisis puede enseñarnos es por qué las masas regresionan hacia comportamientos narcisistas o paranoicos. El espacio no permite abundar en estas teorías acá. Me limitaré a señalar que la masa promueve intensamente la agresión en individuos que jamás actuarían de esa manera en su vida cotidiana. Ante situaciones como las citadas, menos que un agitador se requiere la presencia de líderes ocasionales que profieran banalidades sintónicas con el ánimo dominante, por lo general esquemáticas o demagógicas, pero no apaciguadoras, pues eso iría a contrapelo de los miedos que fomentan la depredación y serán desoídos o maltratados, como les consta a varios policías. Los fiscales podrán identificar mediante videos a personas destruyendo propiedades, pero eso no ayudará a entender ni prevenir tanto tumulto y descontrol (volveremos con más sobre violencia social).

(*) Diario Perú21
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lunes, 20 de octubre de 2008

DISCURSO DE METODOS







Convicciones personales por Jorge Bruce (*)

El ex ministro Jorge del Castillo afirmó, el 12 de octubre de este año, que Rómulo León Alegría “es un tipo inteligente, un tipo culto, que tiene conversación. Es una persona leída; no por gusto ha llegado al Parlamento y es abogado de profesión”. Si bien se puede poner cómodamente en duda la segunda parte de la afirmación –la combinación entre llegar al Parlamento y ser abogado es hoy, salvo excepción, garantía de lo contrario–, la primera ha quedado demostrada en el video enviado por el prófugo.Ahí se aprecia, en efecto, a una persona articulada y coherente, cuyo lenguaje cuidadoso contrasta con el de los célebres “petroaudios” con Alberto Quimper. Se diría que son dos personas diferentes. De hecho, se trata de dos partes de la misma persona. Mientras que en los audios se advierte un tono desenfadado, pícaro y con una suerte de alegría –valga la redundancia– obscena por la transgresión que se está perpetrando a nuestras expensas, en el video aparece la persona que ese señor quiere mostrar a la opinión pública.Esta es la que coincide con la descripción del ex premier: la imagen retocada de un caballero respetuoso de la ley. Este califica lo ocurrido como un escándalo, creado por los periodistas –faltaba más– y los políticos de su propio partido, incluido el presidente de la República. La explicación que proporciona León es que se trata de una conversación coloquial, en donde se emiten “disparates, absurdos y una serie de aspectos que no se condicen con las convicciones personales”. ¿Cuáles convicciones personales? ¿Qué es lo que no se condice con estas? ¿Lo que dice?Lo que parece querer comunicarnos es: “No crean lo que han escuchado sin editar sino lo que digo desde la clandestinidad. Fíjense, aquí soy una persona seria, que se expresa con enjundia, no dice groserías ni se relame por dinero mal habido. Esa es una creación de la prensa y una estigmatización injusta del presidente. No hagan caso al delincuente que han oído sino al señor que les habla ahora, afirmando con la cabeza y mirándolos a los ojos”. Es cierto que siempre va a mediar una distancia entre el discurso coloquial y el de una presentación preparada. Pero es la misma que va de la imagen que nos conviene presentar a la de la esfera privada, que no coincide con la de nuestro mundo interno (en donde, por ejemplo, Bieto y Rómulo podrían estar tramando, en silencio, engañarse mutuamente). Más allá de los designios mafiosos que esta comunicación entraña, tal como lo ha señalado Fernando Rospigliosi, a saber mensajes cifrados o amenazas encubiertas, es evidente que hay en marcha una operación de blanqueamiento ante la opinión pública. Por eso se esmera en mostrar al Rómulo León “inteligente, culto que tiene conversación”. No al chabacano, corrupto e inescrupuloso que todos hemos oído.El intento está condenado al fracaso, tal como sucede con los padres que exhortan a sus hijos: “haz lo que digo, no lo que hago”, negación de la realidad que practica en el video cuando se dirige a estos. Es obvio que el personaje que afina detalles sobre los “honorarios de éxito” y se solaza por su astucia con don Bieto, es el real. El otro es una creación mediática, funcional a sus operaciones delictivas en el seno de una mafia que está medrando en una oscuridad en peligro de iluminación. Una impresión frustrante y desalentadora de déja-vu.
(*) De su columna aparecida en el diario Perú21
Sólo un par de cosas: ese discurso fue grabado con bastante anticipación a la fecha en que se presentó y Rómulo ya debe estar tomando sol en alguna playa del mero mero con unas margaritas y un cuero de esos que nunca le faltan. Las alabanzas de Picapiedra en el programa del Chato fueron lo mas lamentable que vimos este año, íncluso superando el 6-0 de Uruguay, la bailada del Puma y los programas de canal 11.
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lunes, 13 de octubre de 2008

FUMANDOSE AL PREMIER







¿Qué melodía nos tocará Yehude?
por Jorge Bruce (*)



Escribo estas líneas escuchando un concierto de violín tocado por Menuhin, uno de los mayores intérpretes del siglo XX. Nombre de pila del violinista: Yehudi. Ignoro si el nombre del flamante primer ministro peruano se inspira en el del músico ruso, pero es indudable que va a necesitar la misma habilidad diabólica para enfrentar el desafío que ha aceptado. La singularidad excepcional de su trayectoria parece constituir un indicador auspicioso: pasar de la cárcel, donde estuvo sentenciado por apología del terrorismo –pero por los jueces sin rostro de Fujimori–, a presidente del Gobierno Regional de Lambayeque y representante de la Asamblea Regional y, hoy, premier de un gobierno de derecha, no es algo que se vea con frecuencia. Por otra parte, sus orígenes palestinos e italianos, junto a su arraigo chiclayano, hacen del personaje un todo terreno en los planos más diversos. Si a eso se añade una gestión interesante en Lambayeque, donde goza de un reconocimiento considerable tanto en el plano económico como en el de la lucha anticorrupción (lo prueban las encuestas de Proética), es obvio que el presidente García ha demostrado que, a pesar de su desconexión con las mayorías, no ha perdido la totalidad de sus reflejos políticos. Porque el nombramiento de un personaje tan ajeno a la línea gubernamental prevaleciente es una jugada audaz y sintónica con el ánimo de los peruanos de a pie, aunque de pronóstico incierto. Estas escisiones se vislumbran desde las primeras declaraciones de Simon. Ha ofrecido reconciliar a Haya de La Torre con José Carlos Mariátegui. Pero al mismo tiempo ha anunciado la permanencia del ministro Valdivieso en Economía, quien no es precisamente un seguidor de los intelectuales citados. Luego ha exigido la salida de los dos ministros más repudiados por la opinión pública, los apristas Alva Castro y Garrido Lecca, cuyas gestiones empañan a tal grado el desempeño del gabinete saliente, que resulta injusta la amalgama con quienes dieron lo mejor de sí para realizar una tarea ardua y mal remunerada para ese nivel de responsabilidad, sin jamás caer en la bajeza de ofender a sus críticos o a quienes menos tienen. Por otro lado, la insistencia presidencial en mantenerlos en sus cargos durante tanto tiempo requiere explicaciones ajenas a la política, más bien del orden de la psicopatología o de alguna dimensión más siniestra. Así como en la primera entrevista psicoanalítica se presiente lo que vendrá en el tratamiento, se advierte que la melodía que interpretará el nuevo primer ministro no será armónica y fácil de escuchar. Más probable es que resulte disonante y exigente para el oído.Por lo que se puede entrever de su trayectoria, es una personalidad con una resiliencia considerable; ocho años en la cárcel no parecen haberlo estropeado, pese a lo que dice el Guasón en el último filme de Batman: “lo que no te mata, te hace más raro”. Por el contrario, ha desarrollado una capacidad de adaptación y una versatilidad fuera de lo común. Eso sí, le ha tocado una época de dificultad y dureza mayúsculas.Tendrá que lidiar con la bancada aprista, cuyo comportamiento sinuoso no ha levantado –perdonen el eufemismo– la deplorable imagen del Congreso. La economía internacional colapsa y la situación nacional está en un compás de espera de alta tensión. Por si fuera poco, Alan García no es alguien previsible ni confiable, como sabe del Castillo. Toque bien, Yehude, pero cuando se emocione, no cierre los ojos.
(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.
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lunes, 29 de septiembre de 2008

DEPENDENCIA HOSTIL






Resiliencia, empatía y gobernabilidad


por Jorge Bruce (*)


La resiliencia, un concepto de la física, al migrar a las ciencias humanas se convirtió en: “La capacidad para tener logros, vivir y desarrollarse de manera socialmente aceptable, pese al estrés o a una adversidad que comportan normalmente el riesgo grave de una evolución negativa”. La definición es de Boris Cyrulnik, uno de los más importantes investigadores del fenómeno, quien estuvo hace poco en Lima. Como puede verse, es una idea portadora de esperanza, algo inusual en el mundo intelectual, que se siente más cómodo en un entorno pesimista. Es cierto que en el Perú la apuesta negativa resulta más rentable, a juzgar por lo que observamos en el comportamiento de buena parte de sus élites, lideradas por la única especie cuya extinción no es percibida como un peligro: los otorongos. Pero Cyrulnik, un psiquiatra y psicoanalista judío francés, cuya familia pereció en los campos de concentración y quien se salvó gracias a la ayuda de personas valientes y generosas –una de ellas es hoy la madrina de su hija– tiene fundados motivos para entender la vida de otra manera. Lo cual no lo ha relegado al contingente de los Deepak Chopra, aquellos vendedores de sebo de culebra que comercian con la urgencia tan humana de creer en algo que nos haga sentir menos desamparados. Por una razón muy sencilla: lejos de negar la dureza de la existencia, el francés parte de esta, explorando la extraordinaria capacidad del ser humano para sobreponerse y convertir la potencialidad traumática en una creativa o de utilidad social. De más está decir que para muchos peruanos la resiliencia es un instrumento de supervivencia y superación del sufrimiento tan necesario como el agua o el oxígeno. Precisamente porque somos un país en donde tanta gente siente a diario las punzadas del hambre y el frío, junto con las emociones que estas situaciones dramáticas conllevan –angustia, tristeza, rabia, desesperación, la lista no es limitativa– se requiere de nuestros gobernantes otra de las capacidades que Cyrulnik ha estudiado (en su libro De cuerpo y alma): la empatía. El autor la define como “una aptitud emocional para dejarse modificar por el mundo de otro, al cual uno se siente apegado”. El contrapunto de la empatía es la agresión, decía John Bowlby. Pero sobre todo, la carencia de empatía se caracteriza por la indiferencia o desprecio ante los sentimientos del otro. Eso que la congresista Alcorta ha sintetizado como no rindo cuentas porque “no me da la gana”. O el Presidente cuando ofende a los maestros, el ministro de salud a los médicos, el ministro Rey a los sindicalistas, etcétera. Esta actitud, lejos de fomentar la resiliencia, la traba. En vez de sentirse escuchados y comprendidos –es obvio que no se puede acceder a todos los requerimientos–, encuentran desapego y antagonismo. Lo cual exacerba los conflictos. Peor aún, cuando esto conduce a una respuesta violenta por parte de la población, se suele ceder. De este modo se ha configurado un patrón de relación entre gobernantes y gobernados en donde alternan disonancia, hostilidad y malentendido. Si el grupo se puede entender como la puesta en común de las imágenes y emociones de sus integrantes, es indispensable ponerse en contacto con las mismas en busca de la gobernabilidad. Así como el exceso de empatía conduce al masoquismo, su ausencia desemboca en el sadismo. Si esto es un problema agudo a escala individual, a nivel social es una amenaza para el futuro de la sociedad.

(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.


No compartimos los comentarios despectivos (e innecesarios) sobre Deepak Chopra quien no tiene la culpa de tener tanto éxito comercial pese a que muy pocas veces es interpretado como el quisiese. El problema no es el mensajero, sino el mensaje que los decodificadores de estos tiempos aún no han sido autorizados a comprender.

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martes, 9 de septiembre de 2008

JORGE BRUCE POR DOS (*)




Ojo con la vuelta de tuerca tanática

El aniversario de la presentación del informe de la CVR parece haber sido la clarinada para una nueva arremetida intolerante y autoritaria. Esto incluye la crítica extemporánea a los textos escolares protagonizada por Mercedes Cabanillas, la descalificación de los ex integrantes de la CVR por parte del ministro Flores-Áraoz (“ya fueron”, dijo en una alusión siniestra y acaso inconsciente a los miles de muertos cuyas historias son relatadas en dicho informe), la enconada persecución al IDL por encargo del vicepresidente Giampietri, la homilía indigna e inoportuna del cardenal Cipriani o las matonerías fujimoristas que el congresista Raffo ha minimizado, sonriente, como una actuación entusiasta de su “barra brava”. Los pretextos esgrimidos oscilan entre la apología del terrorismo y la velada afirmación de que no se puede hacer tortilla sin romper huevos. El problemita es que esas tortillas consisten en decenas de niños asesinados –como en las fosas de Putis– o mujeres violadas repetidamente, como en tantos casos narrados por el informe, cuya versión abreviada, Hatun Willakuy, debería ser de lectura y análisis obligatorios en todo centro educativo, incluyendo a los institutos armados, por supuesto, aunque les pese a los congresistas, al vicealmirante, al ministro de Defensa y al cardenal. Solo estudiándolo se entenderá que se condena sin ambages al terrorismo y se reconoce el papel heroico y solitario de las FF.AA. (he visto en mi consultorio a uniformados que me han narrado el horror que vivieron, así como a quienes se encontraron entre dos fuegos mortíferos), abandonadas por el poder civil, lo que no implica encubrir la sistemática violación de DD.HH. que ocurrió en esos años aciagos.Todas estas personas parecen pensar que no tiene caso insistir en la defensa de los DD.HH. cuando nos encontramos abocados al crecimiento económico del país que, a la postre, será la única fuente de democracia e igualdad. Entre tanto, el hecho de que se masacre o abuse de campesinos quechuahablantes puede ser considerado como un costo inevitable del tránsito a la modernidad. ¿Para qué perder el tiempo investigando hechos del pasado que, además, le han ocurrido a los insignificantes, a los invisibles, a los prescindibles? Lo que este frente parece no entender –y con ellos muchos compatriotas que siguen optando por la indiferencia y la pasividad, que suele encubrir una voluntad soterrada de deshacerse de quienes no consideran a su nivel– es que, por inverosímil que parezca, esto les puede suceder a ellos. No es una amenaza: es un simple razonamiento probabilístico. En poco tiempo, un autoritarismo de otro cuño se puede tornar en su contra y esta vez serán ellos y sus allegados las víctimas que hoy menosprecian. Pero entonces ya no estarán los IDL para defenderlos porque APCI habrá conseguido clausurarlos.Ese es el sentido de la universalidad de los derechos humanos: protegernos unos a otros de la violencia hobbesiana que anida en todos los hombres y sociedades. Solo una visión distorsionada por el racismo y el hábito de los privilegios impide ver que las víctimas de La Cantuta, Barrios Altos, Accomarca, El Frontón o Putis son tan importantes como si perteneciesen a la familia más encumbrada de la sociedad. Convertir los juicios a quienes abusaron de la fuerza estatal en una persecución a los ex comisionados o a las ONG de DD.HH. es, por eso, producto de la ceguera ideológica que tantas veces en la historia de la humanidad ha engendrado las más espantosas y tanáticas vueltas de tuerca.

Resguardar al otro beneficia a todos

Si una persona –o un país– se limita a acumular riqueza, sin preocuparse de desarrollarse culturalmente, estará condenado a ser un pobre de espíritu. Pero desarrollarse culturalmente puede tener una infinidad de significados. La novela Las Benévolas, de Jonathan Littell, por ejemplo, narra la historia de Max Aue, un alemán ilustrado, lector de Blanchot y amante de la música de Couperin, cuyo trabajo es el de un oficial de las SS dedicado a mejorar la eficiencia de los campos de concentración nazis. No obstante, si tuviéramos que encontrar un mínimo común denominador para designar el desarrollo cultural que necesitamos, este sería el reconocimiento del otro y sus derechos, con los deberes que ello implica, en una sociedad democrática. En una semana ensombrecida por la barbarie fujimorista en el acto de memoria ante el monumento 'El ojo que llora’ (cuyo nombre no me gusta por sus connotaciones lastimeras, pero me identifico con el sentido del lugar y respeto la voluntad de quienes así decidieron nombrarlo), en un eco siniestro a la barbarie terrorista y de parte de las FF.AA., podríamos centrarnos en este reiterado fracaso ante el desafío de integrarnos como nación de ciudadanos en pie de igualdad. Pero otros ya lo han hecho en estos días, y el informe de la CVR prevalecerá como uno de los documentos más relevantes de nuestra historia por las dolorosas verdades que contiene –la fuente de las resistencias que genera– y su evidente buena fe, más allá de lo discutible que siempre hay en una propuesta que integra experiencias e interpretaciones (sin olvidar que para discutirlo hay que leerlo).Felizmente, otras situaciones demuestran que se puede crecer no solo en términos macroeconómicos. Es lo que ha sucedido con la ordenanza 294-MM de Miraflores, exigiendo que los locales públicos no discriminen la entrada y coloquen un cartel que diga: “En este local y en todo el distrito de Miraflores está prohibida la discriminación”. Otros distritos lo han precedido (San Miguel y Magdalena, en Lima, Arequipa, Camaná e Islay en Arequipa, Junín, Lambayeque, Abancay y Ayacucho), pero la concentración de negocios marcados con el sello de la exclusividad hace de esta una comuna emblemática. Por eso, esta ordenanza es un hito que hay que seguir con atención. Si se cumple, multando y clausurando a los infractores, el impacto será extraordinario. Sigue siendo una práctica cotidiana impedir la entrada a personas cuya tez, facciones o vestimenta no encajan con el estereotipo racista con el que los dueños anhelan blanquear sus establecimientos, incluso contra la lógica del interés económico. Es un gran paso, y hay que subrayarlo, en el proceso de integración y reconocimiento, sin el cual ninguna inversión nos sacará del atraso y la miseria en su sentido más vasto.Por otro lado, en un artículo de Pamela Montes en la revista Somos # 1134 se destaca el caso de la empresa de seguridad J&V Resguardo, cuyo éxito radica en la consideración con que trata a su personal. No veo mejor coaching que el ejemplo de los hermanos Javier y Pablo Calvo Pérez. Reconocer al otro y tratarlo con dignidad, incentivándolo con programas como “Mejorando mi casa”, “Compartiendo tu invierno” o “El sueño de tu hijo”, yendo a contracorriente de la discriminación –hay un porcentaje de personas discapacitadas y los 5,000 trabajadores están en planilla–, máxime cuando mi prosperidad proviene de su trabajo.Dos gotas de agua en el océano de nuestras inequidades, pero con un formidable potencial transformador.

(*) De su columna del diario Perù21
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domingo, 17 de agosto de 2008

TOME CONCIENCIA




El terremoto y la conciencia sucia


por Jorge Bruce (*)


En una muestra de aterradora franqueza, el ministro de Vivienda, Enrique Cornejo, explicó en una entrevista con ocasión del aniversario del terremoto en el sur, que ciertos trámites para la reconstrucción demoraban… ¡cuatro meses! Ciento veinte días que mantienen a gente en chozas precarias e insalubres, a niños recibiendo clases en aulas simbólicas, a médicos atendiendo en condiciones de campo de batalla, a policías instalados en dependencias ignominiosas. Es como si en gran parte de la burocracia recalara lo peor de nuestro pacto social, a saber, corrupción, insensibilidad, ineficiencia, lentitud: cualquier burdel trabaja mejor. Como esos lugares del cuerpo donde se depositan las sustancias cuyo exceso es nocivo para el organismo: grasa, ácido úrico, azúcar, etcétera. Todo aquello que daña y obstruye cuando no puede ser procesado y distribuido adecuadamente. El resultado ruinoso está a la vista y la de-sesperación de los pisqueños es más que comprensible. La falla humana, insisto, es peor que la de Nasca.En contraste, las cien viviendas de Pueblo Nuevo, donadas y construidas por el Gobierno de Venezuela, parecen el barrio de la película The Truman Show: bien acabadas, funcionales, listas para ser utilizadas por familias agradecidas. Lo que se llama un proyecto llaves en mano. Se levantaron en dos meses y hay cien más en camino. Como lo he señalado muchas veces en esta columna, el modelo autoritario de Hugo Chávez es un riesgo regional, pero al César lo que es del César. ¿Por qué esas viviendas sí han funcionado y en cambio los módulos de las autoridades peruanas, estatales, regionales y municipales han dado lugar a una gama de fracasos con escasos éxitos que exhibir? Al parecer, ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo con la alcaldía o el gobierno regional, fue una iniciativa de un grupo de privados que pusieron el terreno y la donación venezolana se encargó de lo demás. Ironías de Latinoamérica, la idea 'neoliberal’ de Forsur terminó siendo puesta en práctica por el gobierno bolivariano. El terremoto ha despanzurrado los engranajes oxidados de la sociedad peruana. Por eso no es coincidencia que tantas calles de Lima, en particular las de Miraflores y entre todas la emblemática calle Berlín, parece que hubiesen sido víctimas del mismo movimiento telúrico que arrasó con Pisco, Chincha, Tambo de Mora, Ica o Castrovirreyna. La incapacidad de planificar y ejecutar las obras en los plazos acordados es un síntoma de la dramática desconexión existente entre los funcionarios públicos y la población a la que deberían servir. Por supuesto, de por medio se encuentran empresas incapaces de realizar las obras para las que han sido contratadas –como se ha visto tanto en Pisco como en la compra de los patrulleros, las revisiones técnicas o la reparación de calles–, por lo que es legítimo preguntarse cómo se les adjudicó esa responsabilidad en primer lugar. Pero más allá de las fundadas sospechas de corrupción, esta puede propagarse por el tejido institucional en la medida que los representantes oficiales carecen de identificación con el sentido profundo de su labor, a la que ven como un desafío, sí, pero en relación a su beneficio personal, no al social. Acaso eso es lo que ha revelado el potente lapsus del congresista Mekler, al afirmar con la misma sinceridad desconcertante que el ministro Cornejo respecto de la incuria de los trámites en su portafolio: “Tengo la conciencia absolutamente sucia”. Cuando el inconsciente habla, es porque sabe.


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.
Jorge Bruce le aplica un sonoro cachetazo a la idiosincrasia del funcionario público. Desgraciadamente y con lo mal que nos cae Chavez, tenemos que reconocer que, a la hora de la verdad, su proyecto bolivariano resultó mas efectivo que la derecha aprista y sus allegados coyunturales. Vimos a Don Isaac -que como aquella bestia que juramentó por Dios y por la plata- diciéndole a los periodistas que tenía la conciencia absolutamente sucia, lapsus, limpia. No era necesaria semejante confesión: estás mas visto que video mañoson de Youtube.


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domingo, 10 de agosto de 2008

VIEJA PATALETA





Disforia y libertad de prensa

por Jorge Bruce (*)

El Consejo de la Prensa Peruana debería emitir enérgicos comunicados de protesta por las respuestas intimidatorias lanzadas por el presidente García a las preguntas del reportero Walter Samuel Neyra. Esos comportamientos presidenciales atentan contra la libertad de prensa y el funcionamiento de la democracia. Si ese apoyo al periodista no se expresa de manera explícita y contundente, entonces se está avalando por omisión el derecho del primer empleado del Estado a amedrentar a los hombres o mujeres de prensa que le hagan preguntas críticas y, en particular, pertinentes para mantener informada a la opinión pública. Porque si se pasa por alto –limitándose a protestas emitidas por los medios por separado– que el señor presidente reprenda en público al representante de una radio, por haberse atrevido a preguntar por el nombramiento de un funcionario tan cuestionable como Carlos Arana en un cargo tan sensible como Foncodes, se sentaría un grave precedente de autoritarismo y abuso de poder.De hecho, viene ocurriendo en reiteradas oportunidades que autoridades de diversa índole respondan con violencia o grosería a las preguntas que no son de su agrado. Poco a poco nos vamos acostumbrando a estos exabruptos propios de gobiernos dictatoriales o con pretensiones de serlo, como los del comandante Hugo Chávez. Si los periodistas de a pie no reciben el apoyo arriba mencionado de los propietarios de los medios de comunicación y los gremios periodísticos, se debilita más el juego de poderes indispensable para el funcionamiento de una sociedad civilizada, ya fragilizada por el grotesco proceder del Congreso. El presidente no puede decirle a un periodista “usted está hablando sin saber” o “no venga con preguntas de consigna”. Esas son amenazas que, en una democracia, tienen que ser arrancadas de cuajo y para eso están los organismos correspondientes y, en particular, el medio radial vilipendiado por el presidente, quien no se limitó a maltratar al periodista: “Eso está mal en RPP”, tronó.No basta con afirmar que “el periodismo es incómodo por definición”, como ha hecho el director de noticias de RPP, aconsejando al presidente que responda con buen humor. Esa reacción no va al fondo del asunto. Si bien Raúl Vargas respaldó la solvencia del reportero, lo que está en juego aquí es harto más grave, pues no se trata de la idoneidad profesional de una persona, sino de la obligación de los periodistas de formular interrogantes que cuestionan una decisión gubernamental que la mayoría de peruanos rechaza. Es como si el gobierno de Toledo hubiera puesto a Doris Sánchez a dirigir Foncodes: sería escandaloso que la persona encargada del soporte portátil de las presentaciones presidenciales estuviera a la cabeza de un organismo cuya misión es asignar recursos para los más desprotegidos. Las sospechas serían abrumadoras con justa razón. Pues eso es lo que ha ocurrido y lo que preguntó, como correspondía, Walter Samuel Neyra. Más bien la ira presidencial parece confirmar lo que muchos tememos: ese nombramiento está vinculado con los pobres… resultados de las encuestas de aprobación presidencial. El premier ha afirmado que nadie puede ser discriminado por sus ideas. Nadie lo ha hecho con el señor Arana. Lo que inquieta es su trayectoria, no su militancia. Pero lo que de ninguna manera se puede permitir es que se discrimine a un periodista por preguntar lo que todos tenemos derecho a saber. No se trata de humores eufóricos o disfóricos (irritables, depresivos), habituales en el presidente, sino de algo fundamental: el respeto a la libertad de opinión.


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.

Jorge Bruce expresa con una esperanza saludable lo que para nosotros constituye una dolorosa comprobación: los medios de comunicación y el gobierno tienen una relación firmada con dinero de por medio, en donde la mínima incomodidad se manifiesta con este tipo de voces harto destempladas. No sólo el Presidente. Los ministros, y ciertos poderosos responden como dejando entrever que ellos son los que tienen la sartén por el mango y que mejor sería que no los incomodes en resguardo de tu quincena. Vieja herencia del fujimorismo de los 90.

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domingo, 3 de agosto de 2008

CULTURA DE ESTOS TIEMPOS






El chorreo de la corrupción

por Jorge Bruce (*)


Cada día, las miradas de los de abajo se alzan ansiosas en pos del chorreo prometido. Un viejo chiste malo pregunta: ¿cómo se dice “lluvia” en alemán? Respuesta: “gotas caen”. Solo que las gotas más definidas son menos de prosperidad que de corrupción. O por lo menos las últimas son tan nítidas que absorben a las primeras. Veamos el caos letal en las carreteras. Quien haya viajado por tierra en el Perú sabe lo que se siente cuando un patrullero lo detiene de manera inopinada: miedo. ¿Por qué sentir temor cuando la autoridad hace un control? Todos los conductores saben la respuesta: porque en muchos casos no se trata de un trabajo de seguridad o vigilancia sino de, lisa y llanamente, corrupción. Una muestra: regresando de los feriados de Fiestas Patrias, veo los vehículos que ha detenido la Policía pasando el peaje de Ancón; todos son modernos y en evidente buen estado. Hay que controlar sin excepción, pero resulta sospechosa la selección, mientras circulan unidades en condiciones calamitosas, cuya dirección, amortiguación, frenos, etcétera, no requieren inspección técnica alguna para saber cuál es su paradero final. Sin embargo, son miles los que acarrean para la parca. Recuerdo hace un par de años una alocución del jefe de la Policía, precisamente antes del feriado patriótico, exhortando a los conductores a que no se detengan cuando se lo exijan patrulleros aislados, pues esos no eran operativos sino “malos elementos”. ¿En qué quedamos? ¿Huimos? ¿Ignoramos la orden de la autoridad? El solo hecho de que el jefe de la PNP nos inste a ignorar al uniformado que nos detiene en el kilómetro alejado e inquietante dice mucho acerca del estado de la cuestión.Así, ¿cómo encargar el control de buses y choferes a una institución que carece de credibilidad y suscita la más profunda desconfianza? Obviamente, esto escapa a la jurisdicción de la ministra de Transportes, atenazada entre dos fuegos (por lo cual debería evaluar su permanencia en el cargo, pero ya se sabe que en los gabinetes de García los ministros tienen su carta de renuncia bajo el brazo… en espera del pulgar del emperador), sin las armas para combatirlos. Porque mientras esto ocurre, ¿qué hace el ministro del Interior? Acude a la cárcel a visitar al jefe de uno de los regímenes más siniestros de Latinoamérica para negociar la Mesa Directiva del Parlamento, a cambio de las prebendas musicales que comienzan a surgir a vista y paciencia –con la patética negación de ambas partes– del público. ¿Cómo exigirle a la Policía que controle las carreteras sin dejarse coimear cuando ese es el chorreo simbólico que ellos –que son de abajo, al fin y al cabo– observan cuando levantan la vista? Los resultados están en los noticieros de televisión y las portadas de los periódicos. La muerte se enseñorea en nuestras pistas porque ya se ha apoderado del alma –la nueva cruzada presidencial– de líderes políticos significativos.No se trata de reforma metafísica ni de mano dura. Mientras se desvanece el espejismo de la ONA y se alardea de crecimiento, la gente muere entre fierros retorcidos, en abismos milenarios, y las monedas tintinean en los bolsillos de los corruptos. Quien a hierro mata, cobra por lo bajo. En este ámbito, ya sabemos a qué atenernos: las culturas de la corrupción y de la muerte trabajan juntas, en silencio. No es imposible contrarrestar estas pulsiones tanáticas –pasajeros incluidos– pero no se ve voluntad genuina de hacerlo en el horizonte.


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.

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domingo, 27 de julio de 2008

PRESA ENTRE LAS CORTINAS DE HUMO







Leysi Town
por Jorge Bruce (*)

Quienes tengan hijos chicos o nietos reconocerán el programa infantil al que alude el título de esta nota: Lazy Town (Pueblo Perezoso). Pero todos los demás, sin necesidad de estar familiarizados con el hiperactivo Sportacus, la dulce Stephanie o el villano Robbie Rotten, habrán evocado la imagen de nuestra Lady Godiva –que no Bardales– a horcajadas en su corcel, teniendo como montura los sagrados pliegues de la blanquirroja. A lo que el cazurro, dicharachero y picarón ministro de Defensa ha respondido con una denuncia, agravada por unas declaraciones infamantes en CPN radio: “¿Puede considerarse que no es una ofensa utilizar la bandera nacional para tapar un caballo y sentarse en ella para que, un poco más, la bandera peruana sea calzón o Tampax?” Tomemos a la letra el discurso del ministro: la frase “un poco más”, en ese contexto, significaría que la bandera nacional ya es una prenda íntima femenina o un tampón menstrual. Lo que aflora no es el inconsciente de la bailarina, del fotógrafo o de la producción de la revista D’Farándula, sino el del portador del fajín. No contento con hacer el ridículo y ofender a las mujeres, pone en evidencia esa identificación compulsiva que suele apoderarse de los ministros que ocupan ese mismo cargo. Concedámosle a don Ántero el beneficio de la duda y pensemos que él no es, en la vida civil, tan machista, grosero y burdo. Ocurre que quien asume esa responsabilidad de inmediato se siente, como dijo Sánchez-Cerro en un célebre lapsus, “el miembro viril del Ejército peruano” (en vez de miembro del viril Ejército peruano). Y ya que estamos en el ámbito de las connotaciones fálicas, reparemos en cómo la representación de la bandera en contacto con la entrepierna de una bailarina causa escándalo, mientras que, por el otro lado, (por así decirlo) se nos exige colgarla de la punta de un asta para conmemorar las Fiestas Patrias, so pena de multa.¿En qué quedamos? La bandera tiene que ser obligatoriamente exhibida en el extremo de una figura erecta, pero está prohibido hacerlo en la íntima protección –para mantener la elegante metáfora ministerial– de una figura tibia y blanda. Quizás esto nos permita entender mejor la expresión Ministerio de Defensa. ¿Defensa de qué? De la representación homoerótica (homo significa “igual”) del estandarte. Sí señores, la envergadura de la bandera solo puede flamear lanza en ristre. Todo esto podría parecer insignificante y sospechosamente utilizado por el Gobierno para llamar la atención del toro, mediante un trapo rojo y blanco. Mientras tanto, la conducción del Congreso se decide en la Diroes, adonde han acudido tanto los dirigentes fujimoristas como el ministro del Interior, a fin de consultar con un acusado de crímenes gravísimos de corrupción y asesinato, acerca de la nueva Mesa Directiva del Parlamento: ese es el nivel en el que discurre la representatividad política del país, cuyo honor dice defender AFA. No sabemos si es una maniobra de distracción o el socio de Fujimori nos ha dejado paranoicos con su compulsiva manipulación de la opinión, mediante sus obsesivos operativos psicosociales. Pero esto no es insignificante. La cultura es un ingrediente esencial en la vida de una colectividad. La modernidad no es tan solo cuestión de dinero y tecnología. Las mentalidades no solo deciden los destinos del capital. El subdesarrollo mental debe ser combatido en todas sus facetas. Tal como lo demuestra el caso Putis o la barbarie senderista, las ideologías retrógradas no solo frenan la inversión: atacan el tejido social.

(*) Aparecido en su columna del diario Perú21

Inteligente análisis de Jorge Bruce. La actitud -ridículamente manipuladora- del Garfield del Ministerio de Indefensión ha hecho que muchos -temerosos de las represalias judiciales- tiren al tacho sus boxer blanquirojos y sus hilos dentales escarapelados. En un país, en donde los primeros que se zurran en la patria son los que -por esas casualidades del destino- andan con un fajín ajustado en la enorme barriga de sus desenfados, nos parece delirante (tanto que ya somos como los Simpson latinoamericanos) este tipo de sicosociales de practicante a Montesinos.
A propósito hay otras damas que han infringido la ley, alcanzamos una foto de la Sra. Mariella Zanetti (humm) montevenuseando la sagrada bicolor. A la cana, por deseablemente herética.¡ La sagrada bandera no es mimosa, ni tampax ! (PLOP).
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domingo, 20 de julio de 2008

GENTE COMO RAIDA




Mujercitas
por Jorge Bruce (*)


En 1992 Raida Cóndor se persignaba al pasar delante del Congreso: creía que era una iglesia. Nunca había entrado a una comisaría, no conocía las fiscalías, lo ignoraba todo acerca del Poder Judicial. Entonces Montesinos, en represalia por el atentado de Tarata, ordenó al grupo Colina que secuestrara, asesinara y desapareciera a un grupo de estudiantes y a un profesor de la Universidad Enrique Guzmán y Valle, entre los cuales estaba su hijo, Armando Amaro. A la matanza senderista en Miraflores se respondió con la masacre de inocentes en La Cantuta. Fujimori avaló esta barbarie condecorando y amnistiando a los perpetradores. Desde esa fecha, doña Raida, junto con Gisela Ortiz, hermana de Quique, cuyos restos acaban de ser enterrados en el cementerio El Ángel, y otros familiares de las víctimas, emprendieron una lucha improbable para saber lo que había ocurrido con sus seres queridos, luego exigir justicia. En la presentación del libro Podrán matar las flores, pero nunca las cantutas, editado por Aprodeh y Redinfa, dos ONG que las apoyaron con una estrategia psicojurídica impecable, comenté que si hubieran corrido apuestas, quien lo hiciera por los familiares hoy sería millonario.Se enfrentaban al poder más corrupto y criminal de la historia del Perú. Raida, Gisela, Antonia, Bertha y las demás, en su mayoría mujeres, contra Fujimori, Montesinos, Hermoza Ríos, Martin Rivas y el escuadrón Colina, más la organización mafiosa que controlaba el Poder Judicial, las FF.AA. y la mayoría de medios de comunicación. Al principio las ignoraron, luego les mintieron, amenazaron y hasta estafaron. Los medios no les daban espacio y, más bien, las desacreditaban, afirmando que los victimados eran terroristas y seguramente ellas también. Lo extraordinario de este relato es que la justicia venció a la impunidad. Los derechos humanos al abuso y la prepotencia. El amor al odio. La vida a la muerte. Unas mujeres ubicadas en lo más bajo de la pirámide social de un país tan desigual prevalecieron y están a punto de lograr su objetivo no de venganza, sino de justicia: que Fujimori sea condenado por el acto de maldad reiterada que consistió en ordenar, encubrir y premiar a los asesinos, añadiendo más dolor y daño a los ya causados.Gracias a su tenacidad, resiliencia, amor y coraje, estamos viendo lo impensable: los responsables están presos y en proceso, incluyendo a los dos cabecillas. Raida ha estado en Panamá luchando para que Montesinos no se asilara, en Costa Rica testimoniando ante la CIDH, en Chile para conseguir la extradición de Fujimori. Gisela es hoy una líder internacionalmente reconocida y, a mi entender, una escritora que ha sabido encontrar las palabras justas para contar cómo el dolor se puede transformar en fuerza y creatividad, a pesar del trauma devastador. El caso La Cantuta es el más emblemático en la batalla por una patria más democrática y respetuosa de los derechos y la ley. La justicia que han conquistado con sus lágrimas y esfuerzo es para todos. Gracias a ellas el Perú es un mejor lugar para vivir. En vez de condecorar a tanto funcionario que se limita a hacer su trabajo –no hablemos de los asesinos–, a quien le debemos reconocimiento es a estas mujeres que con su epopeya se han convertido en nuestras Antígonas, esa heroína de la tragedia clásica que se enfrenta al Estado para sepultar a su hermano. Lo dijo Gisela Ortiz: con esos restos se entierra la impunidad. Si bien no olvidó recordar las miles de víctimas que continúan aguardando justicia, ahora lo pueden hacer con más esperanza.
(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.
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lunes, 14 de julio de 2008

¿ AHÍ ESTÁ EL DETALLE ?








¿Se les chispoteó?


por Jorge Bruce (*)
La dirigencia del Partido Aprista no cesa de ensanchar nuestra capacidad de asombro. Cuando uno cree haberlo visto todo en materia de ridículo y autodestrucción -y eso que Toledo había dejado la valla muy, muy alta- los líderes del Apra, tal como la atleta rusa Yelena Isinbayeva, vuelven a batir el récord de salto con pértiga y nos dejan boquiabiertos con este nuevo desafío a las leyes de la gravedad, la ética y la gobernabilidad. Es tan aberrante y siniestro el 'spot' en el que Montesinos aparece como portavoz del régimen contra el paro del 9 de julio, que solo nos queda recurrir al psicoanálisis para intentar alumbrar aunque sea unos fragmentos de ese viaje sin escalas al corazón de las tinieblas. El cásting estremece y, es cierto, captura nuestra atención. Montesinos venía de realizar una performance alucinante en el juicio a Fujimori y su reaparición en ese contexto inopinado podría haber sido una idea de propaganda brillante. Siempre y cuando se utilizara su imagen para mostrar la infección de la corrupción y los daños inconmensurables causados por ese régimen mafioso, que hoy responde por sus crímenes ante la Justicia. Pero recurrir al personaje que encarna como nadie la mentira, la calumnia y la difamación en la historia del Perú, para proclamar una "verdad" destinada a desprestigiar una protesta variopinta a nivel nacional, es tan contraproducente que pasará a los anales de la propaganda fallida. Mario Huamán, el dirigente de la CGTP, no dudó en agradecer ese apoyo inesperado.
¿Qué nos revela ese material ideal para analizar el lado oscuro de un grupo político? No, como afirma Ollanta Humala, la asociación de Alan con Montesinos. El inconsciente no trabaja como la navaja de Occam, es decir con la solución más sencilla en igualdad de condiciones. Más bien procede en función de escenarios exhibidos a expensas del proyeccionista. Cuando el presidente justifica el malhadado 'spot' alegando que un delincuente puede decir la verdad, omite mencionar que, si lo hace, será sin querer queriendo, para mantenernos en el espíritu de Chespirito, cuyo humor solía parodiar con genial lucidez los mecanismos descubiertos por Freud. Lo que esos inolvidables instantes de televisión difunden es la voluntad del Apra de controlar los medios con la misma impunidad salvaje con que lo hacía Vladimiro. Esto incluye subterfugios propios de la ficción, como la suspensión voluntaria de incredulidad por parte de la teleaudiencia. Al margen de que lo afirmado por Montesinos sobre el Sutep no es más que otra de sus rutinarias falsedades, su aporte ha consistido en mostrarnos la fantasía secreta de manipulación corrupta que desvela a ciertos dirigentes del partido en el poder. Esta es una tentación recurrente entre los gobernantes: saltarse la democracia a lo Isinbayeva.
Pero como sucede con las pesadillas, el resultado ha escenificado el deseo transgresor inconsciente disfrazado, cuya salida a la luz aterra y confunde al soñante, que procura taparlo a como dé lugar. No solo no disuadieron a nadie de participar en el paro, ni menos desvirtuaron la protesta con semejante vocero; lo que sí lograron fue alertar a la opinión pública acerca de los designios ocultos de un sector del Apra, que siente al país escapándosele de las manos. Con esa estrategia de comunicación perversa -lo de canal 7 está en la misma frecuencia de uso indebido de recursos públicos-, es precisamente lo que van a conseguir. Lo más irónico y triste es que las condiciones nunca fueron tan propicias: acaso sea tiempo de preguntarnos para qué.



(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.


Seguimos sosteniendo que el gobierno (por motivos mas perversos que los que están a simple vista) y bajo riesgo ser incluídos en la lista de orates que viven en la teoría de la conspiración permanente, que no hay error ni tontería en el acto de la producción del mencionado spot y que logró su propósito de sacarnos de los temas principales -que siguen siendo las leyes que han saltado las vallas mas altas hacia las llaves que abrirán las puertas al gran negociado nacional- para ocuparnos de las intenciones escondidas de nuestros gobernantes y/o sus socios, cuando se acercán mas a Cantinflas que a Chespirito, porque sus jugadas ahora son clandestinas pero definitivamente legalitas.


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domingo, 6 de julio de 2008

INTELIGENCIA: LA BAMBA Y LA FIRME








Montesinos y Betancourt


por Jorge Bruce (*)
El destino, con su habitual ironía, expuso en la misma semana al gran corruptor Vladimiro Montesinos, quien tenía el cuajo de presentarse en el tribunal como M -la jefa de James Bond en el servicio de Inteligencia británico-, un extraordinario oficial de Inteligencia, negándose a dar detalles -que luego dio- porque la ley (¡!) se lo prohíbe, y al Ejército colombiano. Este último liberó a Ingrid Betancourt y a 14 rehenes más del horrendo cautiverio de las FARC (para las que Montesinos había trabajado, proporcionándoles armas y probablemente colaboración en el narcotráfico). Si alguien no se había percatado del ridículo simulacro de encubrimiento que el asesor había interpretado ante las cámaras y la mirada entre deleitada y fascinada de su compinche, el operativo Jaque puso en evidencia lo patético y endeble de su "argumentación". La única operación militar que Fujimori y Montesinos podrían haber reivindicado para la historia es la de Chavín de Huántar, donde los comandos peruanos rescataron de manera impecable y con un coraje admirable, a los rehenes de la Embajada del Japón, de manos del MRTA. Desgraciadamente, esa brillante intervención se vio empañada por la ejecución de los terroristas rendidos. Quizás el mensaje que Montesinos y su socio pretendían enviar era de firmeza y amenaza (recuerden el paseíllo de Fujimori por las escaleras sembradas de cadáveres), pero lo único que consiguieron fue debilitar a las Fuerzas Armadas y fortalecer al terrorismo, que no pedía otra cosa que deslegitimar al Estado. Sin embargo, acaso en un desliz inconsciente, Montesinos se acogió a la razón de Estado para justificar sus crímenes.
En cambio las Fuerzas Armadas colombianas, sin una sola baja, recurriendo a una metodología que las propias FARC habían utilizado para secuestrar a un grupo de diputados que después asesinaron, realizaron una hazaña que los israelíes han calificado como un Entebbe colombiano, en alusión a la célebre operación de rescate realizada por los comandos de ese país en Uganda. Lo más importante, fuera de la inmensa alegría que nos ha producido la liberación de Ingrid y los hombres a su lado, es la demostración palmaria de que el trabajo de inteligencia -la auténtica, no la grotesca farsa representada por Montesinos en la Diroes- hace avanzar la causa de la libertad, los derechos humanos y el imperio de la ley, cosa imposible mediante la violencia tanática. Es, pues, una aliada invalorable para la seguridad y el desarrollo.
Ante esa demostración, la polémica acerca de si se habría pagado soborno para liberar a los secuestrados es irrelevante. Es legítimo, si fuera el caso, comprar terroristas a cambio de una liberación que era un clamor mundial, dado que Ingrid simbolizaba, en elocuente oxímoron, la libertad encadenada. Uribe no es un ángel, lo sabemos. La tentación autoritaria y narcisista lo acosa, como a casi todos los mandatarios (sigan mi mirada). Ahora que los ánimos se están caldeando, sería útil que nuestro líder máximo recuerde que, desde una posición de poder, la violencia verbal es tan peligrosa como las piedras que obstruyen las carreteras. Le doy un consejo y un truco. El consejo: cada vez que sienta el impulso de agredir o denigrar a quienes osan desafiarlo, acuérdese de Montesinos gesticulando como un torero enloquecido en el estrado del tribunal. El truco: respire hondo y repita la palabra "colombroño", como si fuese un mantra, hasta que se le apacigüe la soberbia. No tiene pierde.


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.

Ojo a la siempre inteligente columna de Jorge Bruce.

Bien haría el Tobi local en seguir su consejo porque, como el sabe, desde el moqueguazo, la Magdalena no esta para tafetanes.

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