lunes, 8 de octubre de 2007

RADIOGRAFIA DEL DEPORTE REY












Otra vez Burga por Cesar Hildebrandt (*)
La charca ha decidido seguir siendo una charca.Don Manuel Burga es el gran capitán interminable.Dirige una bolichera vikinga y rapaz y da órdenes a segundos con garfio en vez de uñas, con uñas en vez de ideas, sin ideas y con planos de la joyería que está en la esquina del puerto en el que atracarán.Burga es el almirante Nelson del pantano. Y sus grumetes tienen parches en la tuertez y un festival de cicatrices en el prontuario.Por eso es que el fútbol peruano es esta nada al garete, esta viruta de entrecasa y esta lata de basura que no termina de llenarse.¿Qué es el fútbol peruano? ¿Es la nada que estremecía a Sartre? ¿Es la ilusión que excita la elocuencia de Efraín Trelles? No, dejémonos de huachaferías: el fútbol peruano es la mermelada que le gustaba a Pocho. Es la mafia de los comentaristas que quieren hacernos creer que “la amenaza verde” tiene nivel continental, cuando todos sabemos que no hay club peruano de fútbol que pueda asomarse hoy con dignidad a ninguna –repito: a ninguna– competición extranjera. Es el club de pendejos que gritan gol,gol,gol,gol,gol cuando la pelota entra de carambola y dando piques, de rebote y dando pena, de chiripa y dando tumbos como si no quisiera entrar. Es la mafia anexa de los columnistas –no todos, por supuesto– que hablan de clubes cuando deberían hablar de ruinas, de dirigentes cuando deberían decir resignados o atorrantes, de planes donde debían describir el repentismo idiota que llevó a Chemo Del Solar a Europa para “ver” a futbolistas peruanos que estaban de vacaciones, que se habían mudado de clubes y aun de países y que, como en el caso de Reynoso, no querían saber nada de la selección de mayores.El fútbol peruano dejó de existir en la tragedia colosal de 1970. Y hoy vive de las momias de Cubillas y Mifflin y del pecto de ese gran Señor de Sipán que fue Chumpitaz. O sea que el fútbol peruano es un museo de sitio y yace a la altura de la cancha maya que está en Chichen Itzá, donde la pelota se impulsaba con la cadera (como hace la mayoría de nuestros delanteros).Lo que vino después de 1970 fue un remedo.Y cada año fue peor. La última vergüenza que mi ingenuidad me empujó a ver fue la del mundial del 82, cuando los polacos nos trataron como los alemanes trataron a los polacos en la segunda guerra mundial. ¡Qué asco de equipo! ¡Qué falta absoluta de coraje! ¡Qué fe ciega e inútil en el señor de los milagros que no hace milagros pero que huele a incienso y a vudú chinchano en los camerinos!Fue la misma vergüenza que mi masoquismo me indujo a pasar cuando Chile nos quebró para el mundial de 1974. ¡Y con qué ínfulas había ido Marcos Calderón a esas eliminatorias! Hasta que un señor gordito apellidado Cazzelli nos convirtió en lo de casi siempre: hazmerreír subregional, derrotados crónicos, nietos felices del fracaso.El campeonato nacional de fútbol es un chilcano de choros y quieren hacernos creer que es sopa de aleta de tiburón. Si Cristal está por bajar a la segunda, imaginen lo que está por subir a las portadas de “El Bocón” y “Todo Sport”. Con decirles que Flavio Maestri, ya próximo a la osteoporosis, es lo mejor del Alianza Lima. Con contarles que el presidente de la “U” –un club que albergó antes a gente como Miguel Pellnny– responde con gestos obscenos a la barra crema que insulta con palabras de Lurigancho a sus propios jugadores. Con recordarles que ayer Manuel Burga, la madre de todas las batallas perdidas, el padre de todos los fracasos por venir, el próximo abuelito de nuestra enésima eliminación, fue reelegido en la Sicilia futbolera que nos hunde sin pena y nos vende sin asco.Detrás de todo está, desde luego, el dinero: la plata boba de la FIFA, la plata ahumada de la tele, la plata que se obtiene vendiendo al exterior el pase de todo jugador que valga la pena, de todo proyecto de jugador que sea digno de no estar en esta mugre (aunque el nuevo club sea uno de segunda en España o uno de primera en Turquía). Y ya verán cómo los mejores de la Sub-17 terminarán precozmente afuera, vendidos como el oro de Yanacocha, o precozmente “ambientados” en el estilo del señor Chiquito Flores, flor de deportista.El fútbol peruano está podrido. Y el periodismo que le es anexo está más podrido aún. Porque tiene que fingir que tenemos un campeonato (cuando todos sabemos que es una coartada para imprimir boletos) y que somos competitivos a nivel de Sudamérica (cuando todos sabemos que Venezuela y Bolivia son ahora nuestras bestias negras: a eso hemos llegado). Ese periodismo se manchó el día en que aceptó el almuerzo de camaradería, la facilidad del viajecito, la canchita en la Videna, el viático sin compromiso, el cupo supernumerario, la danza del vientre, las entradas a Occidente de los viernes, las chupandangas con su más de algunos sábados, las primicias teledirigidas y los auspicios publicitarios que te exigen no criticar a nadie porque eso no se hace y, además, no figura en el contrato.Por eso es que las nuevas expresiones de la prensa deportiva –esas que aparecen en el Canal 3 de Telefónica– piensan como anancefálicos, comentan como payasos y hablan a la vez como si no hubiera domador en el estudio. ¿Quiénes les enseñan periodismo? Los que enseñan la pistola cada vez que alguien les habla de renovación en el deporte. Son los hijos de Burga. Burga permanece. Ojalá que sea inmortal. Un fútbol como el nuestro se lo merece.
(*) Aparecido el día sabado 06 del presente en el diario La Primera cuya pagina web esta nuevamente en funcionamieno. Este artículo es de léctura imprescindible.

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