domingo, 17 de febrero de 2008

COSAS DE LA EXCLUSION





Alan, Fujimori y Dorian Gray por Jorge Bruce (*)
En lo que a las encuestas se refiere, ni el presidente ni el premier alcanzan el tercio superior. Más bien ambos son desaprobados, tanto en la realizada por la Universidad Católica (IOP) como la de Lima (GOP). García es aprobado por el 40.8% y Del Castillo por el 34.4%. Este dato en sí mismo no es un indicador de calidad. Un régimen puede ser eficiente, íntegro, exigente, con miras de largo plazo y, por eso mismo, impopular. Pero hay dos problemas aquí. El primero es que ninguna de las características señaladas parece aplicarse en rigor al caso presente. El segundo es que quien sí sale aprobado es Fujimori, cuyo régimen entre el 90 y 2000 obtiene el 50,2 % en el sondeo del GOP, contra un 37,4 % que lo considera corrupto. ¿Significa eso que una mayoría de peruanos prioriza la eficiencia sobre la corrupción y las violaciones de derechos humanos? Es una lectura posible.
Lo cierto que los programas sociales no están funcionando (Alfonso Velásquez acaba de ser removido de Juntos) y, al mismo tiempo, el continuo alardeo acerca de la solidez de la economía y su imparable crecimiento solo satisfacen a un grupo urbano y moderno, mientras el malestar crece en las comarcas a oscuras. La exclusión, por una serie de motivos, es percibida de manera más álgida por los perjudicados, que en la década fujimontesinista. Lo cual no está beneficiando al candidato que se presentó como el representante de los marginados, Ollanta Humala, quien obtiene 19% de aprobación. Mientras que el alcalde Castañeda, digno émulo de Dorian Gray, no se ve afectado ni siquiera por el monumental fracaso de las revisiones técnicas, pues la suya sigue por las nubes del 80%. No obstante, ya que citamos al personaje de Oscar Wilde -pieza que acaba de ser estrenada en el teatro La Plaza de Larcomar-, en alguna parte debe estar oculto ese retrato que sí representa la realidad de la gestión de Castañeda (en la obra, el cuadro envejece y muestra las marcas de todos los horrores vividos que el personaje no lleva en el rostro, pero solo lo puede ver Dorian). En otras palabras, solo Castañeda sabrá, en su fuero interno, si realmente está enfrentando los problemas más acuciantes de la ciudad de Lima, o ha pactado con el diablo de las estadísticas y gobierna para él.
En lo que respecta a la aprobación de Fujimori, el dato es revelador de una realidad que no podemos modificar a punta de insultos al electorado. En un interesante ensayo de Alberto Vergara -Ni amnésicos ni irracionales- en torno a las decisiones y percepciones de los votantes en las últimas elecciones presidenciales peruanas, se demuestra que el afán de inclusión es un determinante tan poderoso que opaca a valores que los sectores A y B dan por sentados (sin por ello necesariamente respetarlos). A todas luces, la acumulación de evidencias de los crímenes cometidos por el régimen corrupto y mafioso de esa década tampoco "chorrea" en quienes sintieron en esa época más esperanza de ser integrados en el sistema que Vergara llama "estadonacional".
En vez de extraviarse en querellas inconducentes como la de los maestros/gobiernos regionales, el Gobierno haría bien en priorizar la atención social sobre la "granempresarial". Y, desde luego, canal 7 debería dedicarle menos espacio a la propaganda del Gobierno y pasar el juicio a Fujimori. Si de pedagogía se trata, esa sí es una materia indispensable en la que el Perú, a lo que se ve, todavía está jalado.

(*) Aparecido en su columna del diario Perú 21

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