miércoles, 13 de febrero de 2008

LOS BUENOS Y LOS MALOS





Sin DEA no hay paraíso por Raul Wiener (*)
Tan curioso como la fiscal que viaja a Chile ­(ahí justamente tenían la información para procesar a un narco peruano), con gastos pagados por la DEA (agencia antidrogas de Estados Unidos) y con cargo de regularizar a su regreso (lo que tampoco hizo), y que en cada una de sus declaraciones advierte que no confía ni en la fiscal de la Nación, ni en la Junta de Fiscales Supremos, ni en el fiscal decano ni en sus pares provinciales, pero sí en ciertos medios de prensa y en gobiernos extranjeros; es el caso del ex ministro del Interior que tampoco confiaba en los policías a su mando, en los jefes militares peruanos, en los miembros del gobierno del que formó parte, pero sí de la DEA y del gobierno de Estados Unidos que según dice tienen el dominio de la dimensión internacional de este problema (Fernando Rospigliosi, “El poder del narcotráfico”, Perú 21, 10.02.08)Vayamos por partes: el año pasado sucedieron una serie de hechos criminales vinculados a la ruta de la droga que según los expertos, y el propio Rospigliosi, demostrarían un crecimiento exponencial de las bandas, un significativo poder de fuego, un contundente control territorial y una avanzada infiltración en las instituciones destinadas a combatir este fenómeno delictivo. La posibilidad que el Perú llegué a una situación tipo México o Colombia ha sido planteada abiertamente, pero lo que más llama la atención es que el cuadro se haya agravado de súbito, agarrando de sorpresa a todo el mundo y desatando una confusa discusión sobre si se trata de Sendero, narco-senderistas, o narcotraficantes solos, que lo único que deja claro es que nadie sabe de qué se trata.¿Qué pasó con todos los que tenían a su cargo prevenir y reprimir la actuación de las mafias en tantos años: ministros, policías, militares, funcionarios de Devida, fiscales, jueces, etc.? ¿Estaban en otra cosa? ¿Y la DEA? Porque hay que aclarar, de arranque, que Rospigliosi está faltando a la verdad, y lo sabe, cuando coloca a esta organización en un plano de intercambio de información internacional y facilitador de nexos. Nada que ver. Es el brazo represivo de una estrategia gringa de dos extremidades: la que impulsa la militarización y la erradicación compulsiva de cocales, y la que promueve la sustitución de cultivos, con apoyo yanqui. De estas dos, la que más dinero mueve es la de la represión, y su actuación se desarrolla sobre el terreno, controlando bases, como la de Santa Lucía, dirigiendo a los efectivos del Corah, influyendo en la prensa y en las decisiones políticas, y como se ha visto en las investigaciones de valientes fiscales y procuradores. La DEA tiene mucho que ver con los resultados de las décadas de los 80, 90 y 2000: los aeropuertos clandestinos, las nuevas rutas, la corrupción, etc. Y como se infiere de lo que dicen Loayza y Rospigliosi, para ellos son los únicos metidos en el asunto que están por encima de toda sospecha. Al punto que una es capaz de ir a buscarlos para pedirles que le financien sus movimientos, porque no confía en sus superiores; y el otro los disfraza de cooperantes imprescindibles, cuando sabe que toman decisiones y ejecutan acciones por su propia cuenta sobre el territorio nacional. Estados Unidos ciertamente tiene su particular enfoque sobre la lucha contra la droga. Por ello no vemos caer los capos gringos, ni los lavadores de los grandes bancos, ni reducirse el consumo de las altas esferas de esa nación, pero sí una presión sobre nuestros países, que tiende además a convertir en una sola cosa a Chávez, Fidel, FARC, ELN, Sendero Luminoso, bandas mexicanas y colombianas, Zevallos, López Paredes, Adelaida Bolívar, Chiquitín Salazar, Hildebrandt, etc., que es la mejor forma de montar un tema multiuso para sus fines políticos, como se hace en el artículo de Rospigliosi.Obviamente que los falsos y falsas valientes, los ministros eficientes sin resultados, y los medios que quieren pasar de moralizadores, cuando tienen tremendos esqueletos en el clóset, se sienten seguros con este poderoso aliado al lado.

(*) Aparecido en su columna del diario La Primera

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