sábado, 16 de agosto de 2008

PASANDONOS LA FACTURA




¿Qué cosa entiende un congresista

por “representar”?

por Rosa María Palacios (*)


El congresista Isaac Mekler me dijo, en una entrevista el lunes pasado, que él considera que una de sus funciones consiste en hacer gestiones. Así, se jactó de tramitarles un aumento a un grupo de pensionistas del Estado acompañándolos a la oficina del jefe de la ONP para exigirle que este pago se concrete. Sorprendida y considerando que en la administración pública está prohibido hacer lo que la ley no autoriza, le pregunté ¿dónde dice que esa es su función? Me respondió de la misma manera en que muchos congresistas lo han hecho en los dos últimos congresos. “Nuestra tarea es representar”.Como es obvio, un congresista representa a sus votantes. Es un representante de una circunscripción y a ella se debe. ¿Con qué fin? Con el fin de legislar y fiscalizar. Pero, ¿ante quién representa a sus electores el congresista? Ante el Congreso. Nada más. ¿Los representa ante el Poder Judicial, inmiscuyéndose en juicios particulares? No. ¿Los representa ante el Poder Ejecutivo, generando gasto aun cuando tiene prohibición expresa de la Constitución? No. Sin embargo, son los propios congresistas los que, aburridos de legislar (poco y mal) y fiscalizar (casi nada), promueven esta extendidísima corruptela. Los más frescos creen que las gestiones directas para conseguir el colegio, la posta, la pista o el puesto de trabajo les darán futuros votos. Desarrollan así una miserable relación clientelista dado que no tienen poder para ofrecer nada. Sus votantes serán engañados una y otra vez. Pero hay peores. Son los que bajo la etiqueta de “representar” gestionan contratos de particulares con el Estado, intervienen en pleitos privados y hacen el más descarado lobby cubriéndose las espaldas con el argumento de que realizan gestiones en beneficio del pueblo.Hay que decir que los ciudadanos tienen responsabilidad en esto. Largas colas se forman en las oficinas parlamentarias para pedir de todo. Sin embargo, la obligación de un político es instruir a sus votantes, con honestidad, sobre lo que puede y no puede hacer. Habrá caras largas, pero se dejará de mentir y desprestigiar al Congreso.¿Se puede hacer un esfuerzo así cuando un congresista bautizado popularmente como 'el comepollos’ falsea facturas para hacerse de unos soles ajenos? ¿Cuántos otros como él hay en el Congreso robándose los gastos operativos? Dos propuestas simples para recuperar el sentido en el Congreso. La primera, que se les recuerde a los congresistas que no están autorizados a hacer gestiones particulares. La segunda, total apertura a la prensa de todas las rendiciones de cuentas de los últimos dos años con sus respectivos sustentos. Aunque caiga medio Congreso. ¿Se atreverán?


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21.

El congresista Meckler acabo de perder la poca confianza que le teníamos cuando comenzó a inmiscuirse en el lío de dinero de los Tudela. Que se jacte de tramitar aumentos es parte de su demagogia y de su evidente escasez para el cargo por el que se le votó en el Callao. Tampoco es su culpa, digamos que detrás del aluvión de votos que obtuvo Ollanta Humala, se colaron varios de estos especímenes raros.
Uno de ellos es el tal Anaya (cuyo segundo nombre es una joya del anime: Oriol)
y que lo único que ha hecho con la miserable torpeza de presentar facturas falsas (tan mal falsificadas que hay que ser un idiota para no detectarlas, señor auditor del congreso) es confirmar la sospecha de que el congreso es una circunscripción a donde no llega la Sunat. No puede ni debe. Si llegara, lo cierran y lo disuelven.
Y si con esta "oposición" latosa, estamos como estamos, imáginense sin ella.
Definitivamente nunca tuvimos unos congresistas tan impresentables. Nos han pasado la factura de nuestra incapacidad como votantes del tercer mundo.

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