martes, 15 de abril de 2008

LA CALLE DEL MUNDO ESTA DURA





El chorreo en vísperas de una de las cumbres por Guillermo Giacosa (*)
Pronto, los latinoamericanos tendremos una cumbre con la Unión Europea, y es bueno saber cómo andan las cosas por allá. En la actualidad, es mejor enterarse de eso a través de Internet o de la escasa buena prensa que visitando aquel continente, cuya moneda, el euro, se cotiza a casi cinco soles la unidad. A mí me tocó conocer el Viejo Continente en la década del 60 y entre ese tiempo y la década del 80 viví un largo periodo en Francia y uno menor en España.
Guardo el recuerdo maravilloso de lo que se dio en llamar el "Estado del bienestar", que en poco se parece a lo que experimenté cuando, en el 2006, pasé un mes repartido entre París y Ginebra. Si ya era extraño ver mendigos en la capital francesa, verlos (disfrazados de músicos o cantantes) en Suiza resultaba alucinante. Recuerdo, yo que he disfrutado de la seguridad social en Francia, haber escuchado en la TV a un paciente, que acababa de ser dado de alta en un hospital, declarar que hubiese preferido seguir enfermo pues ahora no tenía dónde ir. Era otra Francia y otra Europa anterior a que se maximizaran las libertades empresariales, tal como pregona el neoliberalismo, en detrimento de los sectores más vulnerables de la sociedad.
Los resultados y las tendencias de estas políticas que indican mejoras en la producción son dramáticos en lo social y en lo medioambiental. Como las empresas han tenido buen cuidado de comprar los medios de comunicación o casarse con ellos, el espejo que refleja la realidad es aturdidoramente mentiroso. Tan mentiroso que hay cifras que parecen corresponder más a África que a Europa. Veamos y pensemos: en Europa hay 78 millones de pobres (casi tres veces la población del Perú), de los cuales 19 millones son niños.
Repito para que no parezca un error de imprenta: en la Europa (que nosotros miramos con admiración y hasta envidia) hay 19 millones de niños pobres. Los datos no incluyen ni a los solicitantes de asilo ni a los inmigrantes indocumentados. Y aquí algunos otros datos que pertenecen a Unicef y que informan sobre la situación de pobreza de la infancia en los países desarrollados en general. En EE.UU. es casi el 22%; en el Reino Unido, superior al 15%; en Japón, del 14.3%; en Alemania, del 10.2%; en Francia, del 7.5%; en España, del 13.3%. Los únicos que tienen tasas inferiores al 5% son los países nórdicos.
Otro dato importante: en siete de los ricos países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico que, de sus 30 miembros, 25 son considerados de altos ingresos), "el 10% de los grupos familiares más pobres padecieron reducciones en sus salarios durante la última década".
Como en materia de políticas económicas nosotros somos ellos con menos plata, me resulta difícil, sino imposible, encontrar un camino que no sea el que pinta la prensa adicta que nos lleve a mejorar nuestras condiciones de vida. Ellos, con este sistema, las han empeorado; ¿por qué habríamos de mejorarlas nosotros? Si a ellos no les chorrea, ¿por qué habrá de chorrearnos a nosotros?


(*) Aparecido en su columna del diario Perú21

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