lunes, 14 de abril de 2008

NADA ES IMPOSIBLE



Hambre: Maremoto económico y humanitario por Guillermo Giacosa (*)
Es una verdad de Perogrullo afirmar que uno puede sobrevivir sin ponerle gasolina a su carro pero no puede hacerlo dejando de comer.
Menos aún se puede sobrevivir sin beber la cantidad de agua que el organismo requiere. Estas perogrulladas, que algunos políticos tardan en ver, están gritando que la crisis alimentaria -que ya se ha instalado en el planeta- puede empequeñecer el golpe que ha significado el aumento desmesurado en el precio del barril de petróleo. Ni qué hablar sobre lo que ocurrirá cuando el agua comience a escasear.
Sartre decía que el ser humano se vuelve muy peligroso cuando "le tiene más miedo a la vida que a la muerte". Y la vida sin los medios para alimentarse y alimentar a su familia puede provocar estallidos sociales de distinta intensidad, pero igualmente graves, si lo observamos en perspectiva histórica, como los que han ocurrido en Haití, Pakistán, Senegal, México y Egipto. Un estudio realizado en Francia en la década del setenta demuestra que todas las movilizaciones sociales que terminaron en la Revolución Francesa de 1789 fueron precedidas por aumentos en el precio del pan.
Varios líderes mundiales, entre ellos el director del siempre insensible FMI, quien, casi como diciendo "nosotros también somos humanos", acaba de afirmar que el alza en el precio de los alimentos "puede socavar todos los avances en la reducción de la pobreza". Avances que, por otra parte y en la mayoría de los casos, existen más en la imaginación y en las estadísticas del FMI que en la realidad.
Por su parte, el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, que fue impuesto por Bush en dicho cargo después del escándalo suscitado por su último recomendado, pidió una acción internacional "inmediata" para hacer frente a la situación de emergencia en varios países debido al alza de los alimentos. El primer ministro británico, Gordon Brown, propuso instalar la temática del encarecimiento de los alimentos entre los líderes del G-8. Lo interesante de su propuesta es que invita a analizar, ¡por fin!, el impacto que ha tenido en este aumento la iniciativa del eslabón perdido de la Casa Blanca: producir biocombustibles.
Iniciativa que, para nuestro pesar, Brasil, gran productor de cereales y oleaginosas, ha apoyado con entusiasmo.
Subrayó el sucesor de Blair que el trigo y el arroz ya han duplicado sus precios. Por su parte, el Comisario Europeo para el Desarrollo, Louis Michel, advirtió que "se perfila una crisis alimentaria mundial, menos visible que la crisis petrolera, pero con el efecto potencial de un verdadero maremoto económico y humanitario".
Desde la India, país de hambrunas históricas, su primer ministro aseguró que el incremento del precio de los alimentos y de las materias primas complicarán las políticas contra la inflación y dañarán la estabilidad macroeconómica del país. Mientras tanto, el ministro de Agricultura francés dijo que pedirá a la Unión Europea adoptar una "iniciativa europea por la seguridad alimentaria" en el mundo. Nosotros, mientras tanto, a comer papa y más papa.

(*) Aparecido en su columna del diario Perú21. De léctura imprescindible.

No hay comentarios: